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A mí no es que me guste mucho hacer las tareas
domésticas (me gusta más bien hacer tareas silvestres, o
directamente salvajes, tipo salir de compras), pero en esta ocasión
voy a “barrer un poquito para casa” y aprovechar la oportunidad que
me ofrece esta fantástica publicación de escribir lo que me plazca y
así, como quien no quiere la cosa -¡que sí que quiero!-, promocionar
un poquito mi libro Manual de la perfecta petarda, obviando temas
verdaderamente relevantes y comprometidos, en plan denuncia social y
tal. Yo es que estoy muy aburguesada, esa es la verdad. En cuanto
triunfas es lo que te pasa. No quiero decepcionar a nadie poniéndome
seria.
Aprovechando las fechas en las que estamos ya inmersos, voy a
improvisar un nuevo capítulo de ese manual que ya se ha convertido
en un referente literario de la cultura pop a escala universal.
¿¡Que aún no lo has comprado!? ¡Corre, perra, antes de que se
enteren tus amigas de que eres una burra y una cerda!
En fin, como ya advierto en el libro, y no me canso de repetirlo, y
lo seguiré repitiendo hasta la suciedad, la petarda es festera por
los cuatro costados, de arriba abajo y de dentro a afuera. La
petarda es la personalización de la fiesta. Cuando hablo de la
fiesta no me refiero a La Fiesta, es decir, a los toros ni nada de
eso, sino a todo el resto de formas de fiesta, ya que actualmente el
tema corridas está muy devaluado, y ya no es lo que era. Cuando
hablo de corridas me refiero a Corridas, no a... bueno, ya me
entienden.
Pero vayamos al grano. Por un lado está el Carnaval, fiesta
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Foto: Triviño-Moya-Ville |
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petarda por excelencia. La petarda, si es hombre,
SIEMPRE se vestirá de mujer. En cambio, si es mujer, se vestirá
también de mujer, pero aún más exagerada. Si el macho petarda
proclama ir de pirata, de vikingo, de troglodita o de vaquero,
igualmente irá de mujer, porque ningún pirata, vikingo, troglodita
ni vaquero real se maquillaría, se vestiría ni se comportaría así,
con tanta pluma. El carnaval es muy fuerte.
Por otro lado está Halloween. Este es un invento absolutamente
pertarda, pues el motivo único de su existencia es que a la petarda
le resulta sencillamente imposible aguantar todo un año sin
disfrazarse de algo y hacer un poco la mamarracha por la calle (me
refiero a hacer la mamarracha más de lo habitual o, por decirlo de
otro modo, de una forma oficial). Así que cuatro meses antes ya está
ella por ahí pintada como una puerta, relegando para esta fecha los
disfraces más siniestros, como para darle entidad a la cosa. Por
supuesto todas las petardas quieren ir disfrazadas de Elvira, de tal
manera que pelucones vienen pelucones van, y para lucir escotazo
muchas se operan los pechos y silicona que te crió. Incluido
bastantes chicos. La máscara de Scream también se lleva mucho, pero
ya cansa. Además, a la petarda no le gusta el anonimato, ella querrá
que se sepa bien quién es. Nunca falta un Freddy, y se ven algunos “Hellraiseres”.
En resumidas cuentas: Halloween en alza, Carnaval a la baja, salvo
en Canarias, que allí no desconectan, porque menudas son.
Pero estamos en la época que estamos, de tal forma que, para
finalizar, centrémonos en todo el tema navideño. Toda petarda dice
odiar la Navidad, pero el caso es que la disfrutan de lo lindo.
Comienzan extremando la decoración de la casa, que ya durante todo
el año suele ser de pesadilla, y en estas fechas las cotas alcanzan
límites surrealistas, con tanto brillo y tanto “dorao”. La compra y
recibo de regalos se convierte en el eje principal de la vida, y por
tanto las tiendas se convierten en la segunda casa de la petarda,
igualmente decoradas para la ocasión, aunque más sobrias. La petarda
es consumista hasta el espinazo, así que disfruta como una enana,
aunque ya tiene puesto el ojo en las rebajas de enero, of course. La
tele recupera su protagonismo, con esos anuncios que nos provocarán
una próxima liposucción y esos programas especiales donde
presentadoras, polemistas y contertulios nos hacen creer que son
artistas y pueden permitirse cantar y actuar. Quizá esta sea la
faceta más siniestra de estos días. Yo los mataría a todos, y luego
vomitaría encima de sus cadáveres. Pero, claro, yo soy muy purista y
muy mía. Sufriremos y maldeciremos al comprobar que un año más son
otros los agraciados con el gordo de la lotería, generalmente gente
ordinaria que brinda con champán barato ante las cámaras y asegura
que taparán “unos huecos”. También los mataba. En estas fechas la
gente se vuelve muy falsa, y aprovecha la coyuntura como para hacer
las paces y demás, pero la petarda lo hace de un modo exageradamente
irónico, cínico casi, y más bien revalida sus enemistades. Luego
está la noche de fin de año, donde se hace imprescindible epatar con
un buen modelazo y un comportamiento eminentemente estúpido. A quien
le gusten los osos podrá disfrutar en estas fechas de un montón de
gordos en paro (muchos de ellos llevan rellenos, ojo, no son
osos-osos), haciendo el ridículo caracterizados de Papá Noel,
contratados por grandes almacenes, soportando a un montón de niños,
a los cuales yo también mataba. En resumidas cuentas, la misma
bazofia de todos los años, los mismos buenos propósitos (que nos
pasaremos por el moño) y un año más viejas, que es con creces lo
peor.
Sólo se me ocurre un último consejo para que estas Navidades sean
microscópicamente diferentes... ¡regalad a todos vuestros amigos y
enemigos el MANUAL DE LA PERFECTA PETARDA!
Didí Escobart
(componente del dúo Diossa y Malyzzia) es actriz, cantante,
presentadora de tv, guionista, rr.pp., dramaturga, guapa, locutora
de radio, escritora, dj, decoradora, sex-simbol, top-model, diva gay
e icono pop. Vamos, una artista multidisciplinar.
Didí Escobart también ha escrito la novela “Mi extraña dama”.
mr ediciones.
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