ESKINA CRÍTICA
 
Xavier-Daniel
Director de cine. Crítico y escritor cinematográfico.
Director del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona


Cuando una imagen vale más…
 


¡Oh! Sorpresa. Ha surgido la polémica “por la utilización de un niño” en el cartel del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona. Ataques desde el Diario La Razón y El Mundo. Según Liberto Senderos, presidente del Instituto de Política Familiar de Catalunya, clerical y ultra conservador, “es una manipulación para favorecer planteamientos de las asociaciones gays”.

César Vidal, locutor del programa “La linterna” en la emisora de radio COPE (léase Conferencia Episcopal) se pregunta: “¿Es esto un anuncio del objetivo del lobby gay, los niños de siete u ocho años?” y afirma “cazar a los niños es uno de los objetivos del movimiento gay”.

Puntualicemos: el Festival, que ejerce una doble función: cultural y social, no está organizado por ninguna asociación de gays y lesbianas sino por profesionales del mundo del cine, por una asociación cultural lgtib sin ánimo de lucro, aunque eso sí, agradece a la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) su apoyo en esta polémica cuestión. Para Antonio Poveda, presidente de la FELGTB, “la única perversión que veo es la interpretación del cartel que hace Cesar Vidal, asumiendo que un festival de cine Gay y Lésbico tiene que ser pornográfico o pedófilo por naturaleza. Intentar vincular así pederastia y homosexualidad, refuerza rancios estereotipos sobre el colectivo LGTB, incita al odio, a la discriminación e incluso a la agresión”.

El Festival de Cine ¿hace una exaltación de la pedofilia? Al contrario: denuncia del bullying colar, acoso en las escuelas rurales y la homofobia que sufren los adolescentes; éstos y los nuevos modelos de familia que viven los niños y niñas en sus hogares, han sido temas centrales en esta edición del FICGLB. Por este motivo se le encargó –como en ediciones anteriores- al realizador Sergi Pérez, profesor de la ESCAC (Escuela Superior de Cinematografía y Audiovisuales de Catalunya), el spot al cual corresponde la imagen del cartel, catálogo y todo el material de difusión correspondiente a esta séptima edición del Festival.

En opinión del realizador, atónito ante las declaraciones de Vidal, “se trata de una situación común y cercana”, “pretende reflejar el despertar de la sexualidad del niño, la mirada preadolescente “(Diario Público). Como director del Festival respondo desde el medio oficial del FICGLB, GayBarcelona, que fue el primero en divulgar esta imagen. Si los rostros de un niño o una niña aparecen en un festival cualquiera, nadie dice nada, sin embargo, dentro de un contexto gay y lésbico, existe una falsa moral que lo asocia a la sexualidad. Se solicita la retirada del cartel cuando el spot se ha visto en los cines durante un mes y tres meses lleva la imagen en páginas de publicidad de la revista GayBarcelona y el portal en Internet.

Como director de cine he dirigido a niños y soy consciente de que la autorización de los padres permite a un/a menor ser actor/actriz, obviamente, si tuvieran que actuar con el rostro difuminado (como exigían en La Razón), no existirían los actores infantiles. La ADDIA (Asociación para la Defensa de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia) no se ha pronunciado, ni la Conselleria d’Acció Social i Ciutadania como la de Cultura de la Generalitat. Lógico. Desde las concejalías de los principales ayuntamientos de Catalunya, sedes del Festival, he recibido todo su apoyo, alegando que desde donde proviene la polémica no puede ni tenerse en consideración. Tal campaña se desprestigia por sí sola.

La perversidad está en la mirada de adultos como César Vidal, no en la de un niño que hace una reflexión en voz alta a su madre, viendo un film. Es cierto, cuando una imagen vale más que mil palabras, no se necesita más argumento que la sinceridad. Y hay quien ve más allá de lo que se expone. Porque, señores: no se trata de un lapicero, lo que el niño tiene en la boca. No han visto el spot, claro. Se trata –agárrense, mentes desequilibradas- de ¡un termómetro! Peor, aún –pensarán-. Pues, no. No hay ninguna connotación con “temperaturas febriles a causa del sexo”. Simplemente, el protagonista está enfermo.

Las mentes calenturientas son las de aquellos que ven morbosidad donde no la hay. Este hecho me recuerda aquellas preguntas de los sacerdotes –ejerciendo de corruptores pedófilos- en el confesionario, en plena dictadura: “¿cuántas veces te has tocado?”, “¿con quién lo has hecho?”, “¿pensabas en otro chico?” Y al niño, que escuchaba perplejo tales preguntas, se le despertaba un sentimiento hacia otros niños que hasta entonces no había imaginado. Cómo se asemeja al anterior régimen totalitario el uso de las armas de convicción que se manejan desde el poder militar y/o eclesiástico. ¿Qué se puede esperar de obispos que restan importancia al abuso de un menor por parte de un sacerdote porque “tan sólo lo hizo una vez”. Pero después resulta que ven “corrupción” en la mirada ingenua de la preadolescencia ante un mundo adulto censurador y represor que es lo que transmite el spot. ¿No será que a algunos clérigos les excita lo difícilmente alcanzable?

Uno, que ha vivido la censura franquista, aún hoy tiene que enfrentarse a nostálgicos de la dictadura, que continúan reprimiendo sensibilidades y censurando imágenes.