Estoy como loco. Después de tantos años esperando que el AVE llegara a Barcelona, por fin ya tenemos trenecito nuevo. Ahora ya reservo el billete por internet para salir de marcha por la capital catalana y no pasar por el humillante acto que la plebe debe realizar en el puente aéreo, ya sabes por seguridad. Ya estoy preparado mentalmente para ser algo más catalán, los “borjamaris” dicen que se pega de tanto viajar a la BCN. Yo lo siento mucho, mis compis de marcha madrileña tienen mucha pasta, pero clase, no tanta. Así que me va más el diseño y el lifestyle de la Nueva York Europea. Pero, Oh my God, Fuck!, que rodeos me doy yo mismo, todo este rollo es porque quería hablaros de lo que me pasó estrenando mi conexión de alta velocidad con Barcelona.
Con mi billete en mano y una maleta Louis Vuitton vacía, por supuesto para llenarla con ropajes varios yendo de compra por los outlets de marca, accedo a mi vagón, y seguidamente a mi asiento en clase preferente.
Tras un desayuno y un par de partidas en mi PSP, una imperiosa necesidad me hizo levantarme de mi maravillosa estancia, para realizar una visita a los migitorios (Eso me ha quedado muy fino). Y en estas que del trayecto de mi asiento al susodicho habitáculo, me cruzo con un tipo bastante tosco, sucio, y oloroso (de sudor), que también se dirigía a mojar la “Roca”.
El tipo, no sé si por descuido o porque es habitual en él, dejó la puerta trabada (y a día de hoy todavía no sé como lo hizo!!). El caso, es que yo estaba ahí mirando, y mientras, él me esputó, “Vas a entrar ¿o qué?”. No me lo pensé dos veces, y es que a mi me “mola mazo” como a Raphael esto de las guarradas, y entré. Follé (con condón por supuesto).
Los gritos se oían por todo el vagón, tanto que la peña acabó aplaudiendo. Porque ahí donde lo veías, al guarro le iba lo de gritar como una cerda. Menos mal que acabamos antes de que nadie de seguridad se presentara. Si no, sí que hubiera sido un buen estreno. Y es que, hoy en día puedes echar un polvo en cualquier sitio. Por cierto, a la cerda gritona, me la encontré luego a la llegada a Barcelona, en la estación. Lo esperaban su hija, su mujer y un hermano cura. Por eso de las influencias. Joder, cuanta hipocresía. Pero me lo follé bien follado. Chispas!!!
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