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PP

DIOS ENTIENDE
por José Mantero

ALGO PERSONAL

La derrota del PP en las recién pasadas elecciones es sin género de duda una buena noticia democrática, supone un avance en lo que a progreso y derechos civiles se refiere. Al menos, durante los próximos cuatro años. Al menos. De eso se trataba en el pasado 9-M, de cerrar la puerta, siquiera temporalmente, al peligroso rebrote fascista peligrosamente evidente en muchísimos sectores de ese partido.

Las personas de bien nos propusimos que no pasaran, dijimos ¡No pasarán! ¡Pues bien, no han pasao! Ahora vienen con que si lo suyo no es más que una derrota dulce –como si las hubiera de este sabor, digo yo que serán con sacarina o aspartamo-, que si la fidelidad de sus conmilitones, votantes y adláteres es inquebrantable, que si… lo que ellos vayan queriendo. Lo cierto y verdad, como dicen en mi pueblo en preciosa redundancia, es que con su fracaso (amargo, dulce o salado, tanto da) hemos ganado todos quienes luchamos para que los derechos de ciudadanía no sean restringidos. El PP ha perdido las elecciones, bendita sea Dios; congratulémonos, aunque sin bajar la guardia. Porque ellos no piensan bajarla: ahí siguen, sin retirar el recurso de inconstitucionalidad contra la ley que, en 2005, nos abrió a todos las puertas del matrimonio… Es curioso: por un lado, claman por la inconstitucionalidad de esta ley; por otro, se casan merced a la misma ley a la que quieren declarar inconstitucional. ¿Fascistas o tontos de capirote? ¡Vaya usted a saber!

Apuntado esto, lo que no me explico es –cuestiones de tolerancia aparte- cómo es posible que un partido tan de extrema derecha como el actual PP obtenga votos de gays y lesbianas. Dicho de otro modo: me resulta enormemente difícil de comprender por qué hay personas homosexuales que votan al PP. Más de lo mismo: no entiendo por qué estos gays y lesbianas votan contra sí mismos, contra sus propios derechos, sacrificios y conquistas. ¿Por qué un o una gay votan a favor de sus verdugos? Desgraciadamente, me consta que son muchos los gays que votaron PP, ese contrasentido.

Y no es cuestión, como digo, de tolerancia (se puede y debe ser tolerante con una opción política, la derecha por ejemplo; pero jamás, jamás con el fascismo, por muy disfrazado que venga), ni de ideologías (el fascismo no es una ideología, sino una monstruosidad deshumanizadora), sino de sentido común y de mero instinto de supervivencia.

A veces me pregunto dónde quedó el lúcido y denodado espíritu de lucha liberadora que caracterizó al movimiento de liberación gay desde sus comienzos. Dónde está la conciencia de pertenecer a un colectivo –el gay- permanentemente en peligro por culpa de la intolerancia y los multiformes fascismos.

Tenemos por delante cuatro maravillosos años para afianzar, serena y democráticamente, lo tan esforzadamente (tantas veces, dolorosamente) conquistado. Cuatro años, también, para no bajar la guardia: ahí está el rebrote de los fundamentalismos, capitalizados en España por el PP, siervo de los siervos de una jerarquía católico romana que quiere azuzarnos a Dios como si de una infame jauría se tratara.

Pero no, Dios no es eso, Dios no lucha contra nosotros. Dios nos ha modelado como personas, como personas gays, amadas y deseadas –como tales- por su infinito amor.

Lo que los fascistas –cardenales y lideresos- pretenden es extirparnos, como un tumor, del cuerpo social. No lo conseguirán.
Estos próximos cuatro años son, sí, para nosotros los gays algo personal. No podemos consentir que la extrema derecha prospere, pase, gane las elecciones en 2012.

Dejémonos de tonterías, pongámonos manos a la obra, eduquémonos y eduquemos para que nadie, ni siquiera ellos que tanto poder tienen, nos puedan volver a hundir en la mazmorra. Con Dios.
A veces me pregunto dónde quedó el lúcido y denodado espíritu de lucha liberadora que caracterizó al movimiento de liberación gay desde sus comienzos.