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MI MIRADA
por Didi Escobart ( Diosa )

MALYZZIA, ESE DIBUJO (DE LA) MANGA

 

Amiga, y sin embargo compañera, Malyzzia para mí siempre es motivo de noticia, aunque la buena nueva “se limite”, por ejemplo, a que ha perdido 100 grs. de esa inconmensurable masa que la convierte en un peso pesado del cabaret español.

Andaba yo (con mis habituales tacones de “sólo” quince centímetros, los de andar por casa) pensando a quien dedicar mi página de octubre, pensando y pensando, y volviéndolo a pensar… porque no se me ocurría nada ni nadie, ya que las rubias es lo que tenemos, que a veces se nos da fatal lo de pensar y tal, y nos colapsamos. 

Y tanto lo pensé, con tanto ahínco, que al final, histérica perdida, lo verbalicé y todo: “Ay, ¿a quién podía yo dedicar la página de Gay Barcelona de octubre”, exclamé en voz alta (bueno, no muy alta, porque muy alta no soy… ¡y menos mal que llevo siempre esos aludidos tacones!). Y Malyzzia, que pasaba casualmente por allí (chupeteando un helado, una piruleta, un churro o algo, seguro), me contestó/inspiró con su típico gracejo pueblerino: “¡Siempre hablando de unas y de otras!, ¡pues dedícamelo a mí, cerda!”. Yo le dije que tenía razón. Efectivamente soy una cerda.

Luego me quedé reflexionando un rato sobre lo que acababa de oír. Mira, no era mala opción… hablar de ella (aunque fuera bien). Al fin y al cabo la tenía a mano (y no tenía ganas de seguir pensando más). Lo difícil sería que me firmara ese autógrafo dedicado necesario para mi colaboración… pues ciñéndonos a los guiones de nuestros espectáculos, se supone que es analfabeta. Es decir: “fabeta”, que quiere decir tonta, y “anal”, que quiere decir… o sea, ¡tonta del culo!, ¡anal-fabeta!, ¡la misma palabra lo dice!    

Chistes malos aparte, Malyzzia, mi querida Malyzzia, está siempre tan cerca de mí, forma parte de mí, desde hace tanto tiempo, que en ocasiones parece que ni sea consciente de su presencia, y por tanto no la tenga demasiado en cuenta. Pero en cuanto falta de mi lado (por ejemplo cuando acude periódicamente a “Proyecto Mujer”, para desengancharse de los donuts), me da la sensación de que me falta un miembro… ¡el más grande de todos! (en fin, me refiero un miembro de mi familia, of course).

Cierto es que fue a ella, y nada más que a ella, a quien dediqué Manual de la perfecta petarda, mi primer libro. Y que, en fin, bastante hago con aguantarla y demás. A fin de cuentas en este dúo que formamos desde hace casi quince años, yo soy la jefa, y ella es mi... “subordinaria”. Pero considero que hay que hacer justicia con ella, y al césar lo que es del césar, y es de bien nacidas ser agradecidas. Y, total, que no tenía nada más a mano, ya digo.

Malyzzia nació en Murcia, hace un número indeterminado de... ¡arrobas!, aunque en realidad vino al mundo en Madrid... al mundo del espectáculo, claro, siendo estupendamente bautizada por mí. Desde entonces no ha hecho más que crecer y crecer... profesionalmente. Por eso hoy en día es referente obligado entre las cabareteras, estarletes y estibadores con más glamour –y sobrepeso- del circuito alternativo nacional.

Sus orígenes de huertana cartagenera la convierten en “un personaje Manga”. Quizá no manga japonés -¡como yo!-, pero esta diva, criada en plena Manga del Mar Menor, es toda una señora dibujo animado, se mire como se mire (y hay que mirarla varias veces, para visualizarla por completo). Desde un primer momento supo imponer la contundencia de su físico, heredera natural de la inmortal Divine, demostrando cuan poco le importaba el qué dirán, entonando su particular oda a la libertad de expresión estética. Sólo por eso, por ese orgullo de sí misma, por esa falta de complejos y prejuicios, por esa actitud a caballo entre lo revolucionario y lo sedentario, ya merece la pena su presencia, y este peculiar –y por momentos malintencionado- ditirambo.

Pero os aseguro que Malyzzia es mucho más. Es mucho más que un oscuro pelucón apoteósico, que un vestido con mil brillantes lentejuelas, que una cara con un dedo de maquillaje... más que una pestaña kilométrica, más que unos guantes, unas joyas, unas medias. Malyzzia es un pedazo de artista, un ser que se sube conmigo al escenario para humanizar y romper mi hierática pose de diva estúpida, o estúpida diva (aunque también divertida). Malyzzia irradia bondad por sus cuatro (o cuarenta) costados.

Nuestras famosas peleas encima de los escenarios son más falsas que todos los artificios que nos construyen a una y a otra. Malyzzia es la hermana que toda hija única quisimos tener. Malyzzia, se me llena la boca de carmín al decirlo, es, por encima de todo, mi amiga. Es, aunque suene cursi decirlo, un obsequio enorme, envuelto en papel de charol y con un gran lazo, que me hizo un día la vida. Y cada vez que actuamos, me resulta mucho más que grato prestar por un momento al público este regalo.

 

Malyzzia nació en Murcia, hace un número indeterminado de... ¡arrobas!, aunque en realidad vino al mundo en Madrid... al mundo del espectáculo, claro, siendo estupendamente bautizada por mí.