DD DD DDD

 
PP

YO Y MR. BIG
por Dick Pig

De putas y putadas

Pobre de mi y mi ignorancia que, jamás habríamos imaginado que por tal trance, mis carnes pasarían. Nada más y nada menos, que un tío como yo, machito, un tanto garrulo y mariconcete, pero activo del copón. La cosa fue así, por los lares de una concurrida zona de cruising, un menda paseaba y paseaba sin encontrar o que buscaba aquella fatídica noche de agosto. De allí para allá, olfateando, olisqueando, pero nada de nada. Hasta que por fin, un maromo de aquí te espero, asomó sus prominentes atributos. A las primeras de cambio, entre en su punto de mira, para eso soy especialista. Y cuando ya lo tenía tan cerca que podía saborear hasta su aliento, espetó: “ hola que tal bonita” y un mil plumas blancas cayeron del cielo como si nevase en pleno verano. Decepcionado, tuve que aguantar porque ya estábamos al trapo. Yo, incauto de mi, y cuando me disponía a ofrecerle mi manubrio para que ejercite la musculatura, noto que algo me está empujado hacia abajo, una presión  que me pone de cuclillas. Era la mano de susodicho portento que me aferraba a su propio pilón para que saboreara las mieles celestiales. Pim, pam, fuera. Ya me había acostumbrado a esa posición, hasta se me habían dormido las piernas, cuando noté que algo me succionaba hacia arriba. Otra la vez la mano del maromo, y como si yo fuera un muñequito de feria, me puso contra la pared, me bajó los pantalones y mis inseparables Calvin Klein. Con mi sustento posadero al aire, entregiré la mirada y vi aquello, algo monstruoso que se acercaba peligrosamente a la cueva de Neptuno. No me dio tiempo de decir ni una palabra que ya había sido atacado por el monstruo, que llevaba algo plasticoso encima, era el condón del maromo plumífero. Triqui, traca, triqui, traca. Y de banda sonora un aria de no sé quién, ni tampoco quiero saberlo. El tío cantaba ópera mientras me follaba. Y no quieras saber el “peazo” alarido que pego cuando llegó al clímax. El “so” cabrón casi me deja sordo, pero lo que si me dejó fue totalmente pasivo. Desde ese día he descubierto que soy versátil, tan doy como recibo. Un placer desconocido para mi se aposentó sobre las puertas de mi almacén de carga. Ahora hasta tengo pluma yo, me encanta, lo adoro, incluso tengo dildos en casa para cuando me aburro. ¡¡¡¡No veas como se juega con la Playstation 3 con uno puesto!!!! Por cierto, el maromo, tiene nombre, se llama Cándido, y dueño también posee, ahora es mío, sólo mío. Aunque también nos gustan los tríos y los cuádruples, así que a ver si te atreves con los dos, ¡so puta!