DD DD DDD

 
PP

EDITORIAL
por David Bigorra

 

PARA REINA YO, Y ORGULLOSO DE SERLO

 

 

Yo de pequeño, la primera vez que recuerdo que mis padres fueron a votar y vi por televisión a los Reyes de España, les pregunte, ¿quieres son esos señores tan bien vestidos y elegantes, con cara de amabilidad y buenas personas? Ellos, complacientes me contestaron “son los reyes de España, nuestros reyes”, a lo que yo repregunte “¿vosotros también sois buenas personas, no podéis ser reyes como ellos?”, “no hijo, nosotros somos pobres y no hemos nacido en la realeza”, “entonces, ¿quiénes pueden ser reyes? ¿Solo esos que vais a votar hoy?”, “no, hoy votamos para escoger quien nos gobernará, a ellos no se les vota, ya están allí”, a lo que yo replique “y yo, y yo, ¿no puedo ser rey?”, con una gran carcajada me respondieron “algún día hijo, no sé, ya veremos”.
Hasta el día de hoy, más o menos, todos, hemos tenido una opinión de los Reyes de España, positiva, neutral o negativa, pero su “saber estar” ha hecho que la mayoría, esa opinión se quedara en “petit comité” o incluso para la propia conciencia de cada uno. Pero hoy esto ha cambiado, Doña Sofía, utilizando el libro escrito por Pilar Urbano “La Reina muy de cerca” (Planeta) le ha realizado una serie de confesiones, en la que ha opinado de todo y de todos y allí es donde ha tocado punto más sensible para una persona homosexual, tanto su condición y/o orgullo de serlo, como su derecho -ganado ante lo mas alto de una institución democrática, como es en el parlamento,- a ser igual ante el resto de los ciudadanos, a tener el derecho de contraer matrimonio con otra persona de su mismo sexo. Eso es lo que, nada más y nada menos, ha cuestionado en el libro de Pilar Urbano.
Por suerte o por desgracia la suya, ella es la que ha abierto la veda, la veda del silencio intrínseco, del respeto a la institución, que hasta ahora no era enemiga de mi condición y mis derechos y que a partir de este momento, me obliga conciente o subconscientemente a pensar, cuestionar y opinar sobre la institución que ella representa. Queda claro, a estas alturas, que este año, no es, definitivamente, el mejor año de La Casa Real. Lo siento por la institución. Ahora más que nunca, somos más iguales, las diferencias entre la realeza y la plebe se han acortado aun mucho más. Ellos también opinan y meten la pata como los demás, así pues, hoy, tal y como pregunté a mis padres en mi adolescencia, por fin me siento rey, o mejor dicho Reina, y orgulloso de serlo.