Ella me insiste en que no conforma personaje alguno: Vampirella y Paloma Aznar son la misma mujer, la misma persona. Pero eso es lo que pasa con los “nombres artísticos”, ¡sino que se lo digan a una! (aunque mi caso es muy otro, claro). Para mí, y para muchos otros amigos, ella está condenada a ser “nuestra Vampi”. Todo pariente de Drácula arrastra su propia herencia, y bastante tiene con que los espejos proyectan perfecta su imagen pálida y maquillada, con lo coqueta que es ella. Y la pena de ser nominada por tan siniestro apelativo, para ella no es ninguna pena, máxime cuando le profesamos tanto respeto y cariño.
Vampirella, como tal, nació hace casi veinte años, siendo la firma para una sección del diario El Independiente, donde aún no existía una cara. Más tarde comenzó a acudir a todo “evento viviente”, con su look sofisticado de dominatrix glamourosa, a caballo entre Betty Boop, Mae West y alguna etapa elegante de variopinta Madonna. A lo lardo de todos estos años se ha convertido, sin lugar a dudas, en la periodista con más solera de la noche madrileña, aunque también es suyo el reino del día, pues los rayos del sol solo acarician su piel marmórea. Pero esta rubia encorsetada es mucho más que una trovadora de la contracultura capitalina, es una mujer renacentista, que no merece otros adjetivos que polifacética y multidisciplinar. Si la otra es “La Ambición”, esta es “La Versatilidad Rubia”.
Por eso siempre me he sentido tan unida y tan identificada con ella, por rompedora de tópicos y rompedora en general. ¡Es increíble que estemos hablando de chicas súper monas, súper rubias, estilosas y con un gran vida social... y a la vez de ilustres intelectuales, ambas destacadas escritoras y periodistas! En el caso de ella incluso podríamos hablar de “periodista comprometida”, pues sin ambages alguno se ha implicado en diversas causas humanitarias, defendiendo los derechos de mujeres maltratadas, de niños explotados, víctimas de las guerras, personas que sufren por su origen o sus ideas… llegando incluso a viajar a Irak, Palestina y demás extranjero de fuera (yo soy “más mía” y miro más por mí). “No quiero tener una vida gris y estúpida; para mí, las bombas del aburrimiento, el conformismo y la idiotez son tan dañinas como las bombas que matan” me dice este compendio de coherencia, lucidez y gracia, calzada con altísimos tacones de aguja.
Ella pudo cruzar el lado oscuro, y formar parte de vulgares tertulias televisivas donde criticar al famosillo de turno junto a una caterva de chismosos profesionales, y ganar dinero y popularidad, y liarse la manta a la cabeza, aunque cubriera esa melena rubia platino, emblema de la casa, “...pero prefiero hacer cosas interesantes, ganar conocimiento y experiencias, viajar por el mundo, vivir intensamente y no avergonzarme de mí misma. Sólo estamos aquí una vez”. Soy yo quien, ante una dama de tan firmes convicciones, me quito la peluca.
En la actualidad Vampirella está trabajando en el espacio "Afectos en la noche" de Radio Nacional (Radio 1), y sigue teniendo su sección en EP3 (El País). Tras publicar Sex Toys, pronto saldrá un libro suyo editado por Planeta. Escribe para varios medios de comunicación, interviene en diversos debates radiofónicos, organiza según qué eventos e, incluso, ha llegado a dirigir un mediometraje titulado UNA GRAN ACTRIZ, que fue premiado en las mismísimas Américas (Premio Bestt Women´s Film de San Francisco). Película que, sorprendentemente, no está dedicada a mí, ni tan siquiera yo aparecía, pero seguro que en próximos proyectos me tendrá en cuenta, porque si no la arrastraré por los pelos, y ella cuida muchísimo su cabello, además de su envidiable piel de porcelana.
Amiga de sus amigos, personaje de culto total, profesional refutada, ecléctica como ella sola, Vampirella es un puntal básico en la cultura alternativa madrileña, una agitadora social nata, un ejemplo de snobismo bien entendido, de, de omnipresencia y de compromiso. Cabe también mencionar su histórica afinidad al mundo gay, entre los cuales es considerada una más, sin caer en la vulgaridad de la simple mariliendre.
Amante del leopardo falso, del plástico rosa, de las medias de red, de la combinación del rojo y el negro, de los guantes de terciopelo, del charol, del marabú, de la sofisticación de los años `50... pero, sobretodo, de una presencia activa e inteligente del denominado “sexo débil”, que en ella, rompiendo una vez más estereotipos, es a la vez delicado y fuerte.
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Vampirella tomó el nombre de aquel famoso personaje de cómic de los años `60 para firmar sus colaboraciones periodísticas. Hoy, y desde hace mucho, es ella quien se ha convertido en un símbolo más de nuestra cultura, al igual que la fantástica heroína.
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