DD DD DDD

 
PP

MI MIRADA
por Didi Escobart ( Diosa )

El patriarca blanco con ( botones negros )

 

Tras su libro “Memorias Trans”, publica ahora la biografía de Antonio Amaya, primera de las que formarán parte de la colección “Memorias del espectáculo”. Pongo hoy mi mirada en el artista catalán Pierrot.

Existe La Comedia del Arte, El Circo del Arte... Opino que debería existir El Cabaret del Arte. Si esto fuera así –y puede que así sea, aunque aún no sea oficial, aunque los que formamos parte de ese mundo no seamos conscientes de ello, de la verdadera trascendencia de este arte escénico-, habría un personaje, un showman, que destacaría muy por encima de muchos: Pierrot.

Antonio Gracia José, elige como nombre artístico el de este emblemático personaje de la Commedia dell'Arte, el mimo eternamente enamorado de la luna, el clown triste, pero sofisticado e inteligente, alejado del clásico payaso grotesco y lerdo. El blanco pasa entonces a ser su color, y la luna anhelada se traduce en el ansia por aprender y por emprender.

Se estrena en aquellos no tan lejanos años 70´s poseído por el denominado Teatro de Impacto, escribiendo, dirigiendo e interpretando sus propias obras, las cuales tiñe siempre de un tono oscuro, aunque divertidamente siniestro, que contrasta con su eterno esmoquin blanco. El veneno de las tablas se hace sitio en sus venas, y las dos siguientes décadas verán pasearse a ese Pierrot por diversos escenarios, tanto capitalinos (Muñoz Seca de Madrid: Los caballeros las prefieren como nosotros, Locas de amorrr...) como representativos de la ciudad condal (Apolo: ¿Quiere ser mi amante? El Molino: Locuras de amor), ajustándose a unos tiempos en los que la dramaturgia frívola y la pose atrevida, acaso inconscientemente reivindicativa, eran el caviar y el champán de cada día (mejor dicho, de cada noche) para aquellos héroes denostados por artistas de otras disciplinas.

Pero Pierrot se curte en el directo, en las salas de cabaret, presentando mil y un espectáculos de variedades, compartiendo foco y foto con toda una pléyade de nombres de culto, tanto camaradas que jamás atravesarían la barrera del lumpen-show, como estrellas de primera magnitud, que muchas veces limitaban su actuación a presentarse como simple público, prestos al disfrute de la llamativa performance, del transformista imitador de folclóricas, del sorprendente desnudo con sorpresa... aunque siempre sucumbían a ese escenario mágico y diferente, y terminaban improvisando su arte, mezclándose entre propios, confundiendo el talento de unos y otros, convirtiendo la velada en irrepetible e inolvidable.

Todo ese bagaje es el que emana este divo, druida del music-hall, maestro de la platea, que hoy día sigue tan en activo como siempre, actuando, componiendo, escribiendo, dibujando... haciendo gala de ese genio renacentista propio de seres contados, y tocados, pero tocados por una varita de hada, repleta de musas. Y, en todo caso, tocados por esa locura propia del artista de raza, del verdadero espíritu artista.

Interminables charlas telefónicas me descubren a un Pierrot henchido de experiencia, pero que mantiene la frescura de aquel que por primera vez embadurnó su cara de afeites, se rodeo de plumas y se presentó ante el respetable.

Su impagable labor de investigación periodística propicia que los de mi generación conozcamos a aquellos que abrieron camino, que no se diluya su existencia en el desagüe del olvido. Su propia presencia nos recuerda que es absurdo poner diques a la creatividad, y él se ha desbordado cíclicamente, como un ibérico Nilo, lo mismo escribiendo libros, que haciendo cine, que pintando carteles, que editando discos. Porque es Pierrot mucho más que un histrión fino, se ha convertido en patriarca de una tribu de seres nocturnos, juglares de la escena gay, poetas de tacón, travestidos. Patriarca de túnica blanca y botones negros cosidos.

Su impagable labor de investigación periodística propicia que los de mi generación conozcamos a aquellos que abrieron camino, que no se diluya su existencia en el desagüe del olvido. Su propia presencia nos recuerda que es absurdo poner diques a la creatividad, y él se ha desbordado cíclicamente, como un ibérico Nilo, lo mismo escribiendo libros, que haciendo cine, que pintando carteles, que editando discos.