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DIOS ENTIENDE
por José Mantero

Mariconas cerdas en la edad de piedra

Hace unas semanas, en un centro comercial malagueño de más que dudosa moralidad, tuvo lugar una infausta coincidencia entre dos personalidades absolutamente dispares: de un lado, un Hermano mío que se encontraba allí mirando libros; del otro, Nada Vidal, un platelminto que pare encuadernaciones llamadas libros por él mismo, sólo por él mismo y nada más que por el mismo. Con la ayuda de Dios. El presunto escribidor se encontraba también allí, en el antedicho centro comercial malagueño de más que dudosa moralidad, para presentar uno de sus ejem libros.
Había poca clientela para la presentación. Quiero decir, no había nadie, sólo mi Hermano curioseando libros. A él se dirigió, ansioso y casi obsequioso, el platelminto de marras. ¿Me vas a comprar un libro? (sic). No (sic también), le dijo mi Hermano, que siguió su ruta de curioseo, y Nada Vidal se quedó con dos palmos de narices y solo, más solo que un platelminto en tierra de nematelmintos.
Este sucedido me recordó otro anterior, de casi todos conocido: aquel glorioso programa de la emisora de los mamíferos con insuficiencia mitral, en el que Nada, pretendiendo jocosidad inteligente –oh, paradoja-, arremetió contra Pedro Zerolo, diciendo que él –Nada- por ídem de la vida se pondría delante de Zerolo, o permitiría que Zerolo se le situara a popa, por si acaso.
Si de algo no se puede dudar acerca de Zerolo es de que es un tipo listo. ¡Cómo se le iba a ocurrir colocarse frente al descomunal pandero del gusano, sin mascarilla de gases malolientes!
Si de algo no se puede, tampoco, dudar acerca de Zerolo es de que le van los tíos. Los tíos, que yo sepa, no son platelmintos, rollo Nada Vidal: eso sería bestialismo, y no se tienen noticias de que a Don Pedro le vaya semejante marcha. Y digo esto con respeto hacia los amantes de los bichos.
Total: Nada Vidal es un platelminto que regurgita páginas que alguien le encuaderna. Item más: Nada Vidal es un platelminto al que le daría morbo que algunos gays de cierta relevancia le dieran rabo, siquiera sea con el filtro de bragueta y culera de los pantalones respectivos.
Les pasa a muchas mariconas reprimidas y enjaretadas en su armario. Ojo: hablo en el sentido de Terenci Moix, que sabiamente distinguía entre mariconas cerdas por un lado, y gays por el otro. La maricona cerda es la que se escuda en su máscara hetericona para arremeter contra aquello que más le gustaría en el mundo: ser poseído por descomunal polla, que le hiciera gritar, que le reventara, que le clavara de una vez por todas al puto suelo de mierda en el que vegeta, para fastidio de la raza humana; y que le salieran los chorreones de lefa por ojos, nariz, orejas…
Mariconas cerdas, peste bubónico-moral de una sociedad que avanza progresivamente hacia la normalización del hecho (incuestionable) gay.
Hay que estar ojo avizor, pues las hay en cantidad. La maricona cerda que se sienta en el trono petrino, y que si por ella fuera nos tendría a todos recluidos en los campos de exterminio que una vez contra nosotros usaron los suyos. La maricona cerda que teme y desea que Zerolo se la beneficie vía rectal. Muchas y aviesas, abyectas, reprimidas, hijas de la grandísima perra, con perdón del cánido hembra.
¿Qué es lo que más terror les da? Que sigamos a nuestra puta bola, viviendo nuestra sexualidad, nuestros amores, nuestros morbos, nuestros loqueseas como nos salga de la mismísima trencada de la crópula.
Hagámoslo pues. Y que les den… no, mejor no, que no les follen. ¡Ya les gustaría! Dejémosles, pobres mariconas cerdas afectadas de trogloditismo irrevesible, en su edad de piedra, de donde nunca saldrán. Nosotros, a lo nuestro, y salga el sol por las grandes alamedas de la libertad.

Mariconas cerdas, peste bubónico-moral de una sociedad que avanza progresivamente hacia la normalización del hecho (incuestionable) gay.
Hay que estar ojo avizor, pues las hay en cantidad. La maricona cerda que se sienta en el trono petrino, y que si por ella fuera nos tendría a todos recluidos en los campos de exterminio que una vez contra nosotros usaron los suyos. La maricona cerda que teme y desea que Zerolo se la beneficie vía rectal. Muchas y aviesas, abyectas, reprimidas, hijas de la grandísima perra, con perdón del cánido hembra.