La movida madrileña la inventaron un puñado de almas, o unos cuantos desalmados, que si te pones a enumerar, se cuentan con los dedos de una mano. No eran conscientes de su monstruo, se limitaron a vivir el momento... y a cambiar muchas cosas de paso, abriendo la puerta, para que entrara la fresca. Al final pasó un tornado.
Él, Fabio de Miguel, Fabio McNamara, la Fanny para los allegados, para los que en alguna medida hemos tenido el privilegio de rozarlo, de contagiarnos con su encanto, él, ese monstruo de charme caro, de glamour barato, fue un pilar básico, junto a Las Costus, sin cuyo cemento, o talento, aquellos cimientos no hubieran fraguado. Y hablamos de “talento armado”. Armado con boa de plumas y con lápiz de ojos, como lengua viperina, bien afilado.
El único personaje “no personaje” de aquel primer Almodóvar, llegó hasta a mí desde el cine, usando esa “plataforma”, aunque él es más de “aguja”, en sus diversas variantes. Después fue la música quien me lo inyectó a mí vía auricular. Luego conocí su obra plástica, naif, pop, mística y colorista. Finalmente conocí su gran obra: él mismo, cuando llega, cuando habla, cuando gesticula, cuando impregna la estancia de loca energía postiza y renovable.
La Fanny vive envuelta en plástico, pintándose las uñas, depilándose el sobaco o tiñéndoselo de rosado. La Fanny se pone una peluca -o se embadurna el pelo con gomina-, canta, escribe, pinta, vive, bebe, y aún le sobra un rato. La Fanny nunca triunfó por todo lo alto, y ahí radica su éxito. Nació para ser de culto y ahí se ha quedado, donde muchos –incluso estando más arriba- jamás llegaron. Carne de underground, destinado a eterna alternativa de todo lo establecido y determinado, espíritu punk, “a su rollo”, “a su bola”, total iluminado.
La Fanny es surrealismo fucsia, es poesía de alcantarilla, es ingenio ingenuo, es rock de monjas, es la pluma de un armiño, es una mujer, un hombre, un ornitorrinco, un extraterrestre, una Túrmix, un sueño, una muñequera de púas, un grito, un ídolo fanático, una niña, un niño...
El mundo del espectáculo, el arte, esa industria cruel que te lanza o que te parte, está necesitada de seres buenos, está necesitada de ángeles. Eso es él; un ángel con sexo, con minifalda de licra, con botas de tacón cubano, con chupa de cuero, con ojos pintados, con el juego de palabras presto, ya sea cantado o balbuceado. Un ángel con las alas de murciélago, porque es inocente como un ángel, y atractivo como el mismísimo diablo, y su morada es el cielo, la disco, el Rastro, una charcutería, un callejón, mi corazón y el inexistente averno. |
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Eso es él; un ángel con sexo, con minifalda de licra, con botas de tacón cubano, con chupa de cuero, con ojos pintados, con el juego de palabras presto, ya sea cantado o balbuceado. Un ángel con las alas de murciélago, porque es inocente como un ángel, y atractivo como el mismísimo diablo, y su morada es el cielo, la disco, el Rastro, una charcutería, un callejón, mi corazón y el inexistente averno. .
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