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MI MIRADA
por Didi Escobart ( Diosa )

BORIS IZAGUIRRE

Boris es un niño grande, que dice lo que piensa, que grita lo que siente. Abandonó Venezuela, donde estaba su gente, en busca de sí mismo, en pos de su sueño, al encuentro de otra gente. Entró de puntillas y, como quien se dispone a dar un susto, acercó sus manos a las mejillas y chilló fuerte. Y se hizo oír, pues su discurso además de provocativo y rompedor -y otras muchas cosas más, habría que hacer una lista-, qué duda cabe; es inteligente.

Él vive en este mundo, pero también vive en su mundo, su propio mundo, e intenta hacer compatible esos dos planos espacio-temporales, esos dos cosmos, esas dos dimensiones. Y el barbián lo consigue. Entra en el plató armado con su sonrisa, entrecerrando los ojos como una femme fatale de revista, o como un depredador que rodea a su presa, dispuesto a saltar a su cuello, con calma, sin prisa. Ácido, tierno, cruel, dulce, cáustico, marca el ritmo.

Boris Izaguirre es cruce de culturas, por tener nombre de ruso, por lucir apellido vasco, por su pasado americano, por latino, por snob, por culto, por ordinario, por elegante, por mundano. Es mucho más de lo que parece, es mucho más que una loca voceando, es un afeminado terrorista. Si se bajó los pantalones en prime-time, mostrando patético el colgajo, lo hizo con clase, con gracia, como prolongación efectiva y efectista de su característico desparpajo.

Boris es un jarro de agua fría, sí... pero es agua al fin y al cabo, y esta sociedad árida y agrietada por la sequía necesita revulsivos que hagan la vez de fina lluvia. Y no me dirán que Boris no es fino... aunque más que un chirimiri es torrencial cual aguacero, por húmedo e intenso.

Es un intelectual de los de antaño, de los que siempre ha habido, por innovador y revolucionario. Un cronista de sí mismo y de su propio destino. Un hombre y una pose, masculino y femenino. Él es lo que haga falta: un desconocido, y a la vez un amigo o un querido enemigo. Lo más parecido a un bufón y a un divo. Un cóctel muy atrevido.

Boris vino a quedarse, a quedarse contigo y conmigo, a hacerse un huequecito en esta inmensa piel de toro plagada de parásitos vecinos. A cambio nos da aire fresco, y una idea, y un gritito. Y ahora reino en la caja tonta, y ahora escribo un libro. Meta y sino.

Unas veces amado, y otras más que odiado, aborrecido; vestido o desvestido, contrafuerte del charme descaradamente gay, blandiendo su elegante pluma literaria, siempre presto a “Morir de glamour”, Boris Izaguirre, el personaje, es un estrafalario invento de sí mismo.

Es mucho más de lo que parece, es mucho más que una loca voceando, es un afeminado terrorista. Si se bajó los pantalones en prime-time, mostrando patético el colgajo, lo hizo con clase, con gracia, como prolongación efectiva y efectista de su característico desparpajo.