David Bigorra
 

Susana Guzner, el don innato de la seducción.


 

¿Cómo se definiría Susana Guzner a si misma?

¡Vaya preguntita para abrir boca…! Es difícil autodefinirse, las apreciaciones propias son inherentes al ser y el intelecto mediatiza e incluso invalida cualquier definición taxativa, pero tentativamente diría que mi esencia es múltiple - como la de tod@s, por cierto - y los sentimientos, vivencias y pensamientos más opuestos campean a sus anchas por mi espíritu sin estorbarse demasiado entre sí, aunque a veces pueden llegar incluso a las manos, jaja. Más cosas… Soy muy vulnerable a la par que fuerte, dubitativa pero resuelta a la hora de tomar una decisión importante, tierna hasta el llanto pero por momentos severa, con un cuerpo físico que escenifica de inmediato los más variopintos síntomas de cuanto me sucede en el alma, a tal punto que si me veo ante una situación que me significa un quebradero de cabeza, por ejemplo, al poco tiempo me sobreviene una jaqueca, así, sin más. Me encrespan la injusticia, la mentira, la “callada por respuesta”, los comentarios malintencionados y gratuitos… Me dicen que soy seductora, generosa, muy dulce y leal hasta la exageración, pero también algo intransigente – es verdad, lo reconozco -, por momentos radical en mis creencias y con tendencia a callar lo que siento y pienso, pero cuando estallo… ¡Sálvese quien pueda! jajaja. Y a veces el viento… ¿O no, Alejandro Sanz?

¿Qué ha significado para ti la publicación de tu novela La insensata geometría del amor?

Un cambio no buscado en mi vida, porque fue una amiga quien presentó la novela a Random House Mondadori y decidieron publicarme.

 

Susana Guzner. Escritora de Punto y aparte y La insensata geometría del amor.

A partir de ese momento he tenido que reajustar a marchas forzadas el salto del anonimato a una cierta notoriedad con lo que ello conlleva, y ya he dicho que mi esencia es múltiple: por una parte me hace feliz el reconocimiento y el afecto de l@s lector@s y por otra me acarrea algunos problemillas que nunca había experimentado, como tomar conciencia de que ya no me observan unos pocos ojos de amigos y familiares sino una miríada de pupilas anónimas y ajenas a mi entorno íntimo.

¿Qué piensas de todo el jaleo que se está formando entorno al matrimonio gay y a las duras críticas de los que se oponen a él?

La equiparación de nuestros derechos como ciudadanos era una deuda histórica flagrante, y que comience a saldarse es pura justicia. ¿Las críticas, sean duras o solapadas? ¡Pero si se oponen los de siempre, para qué darle más vueltas! Quienes se aterrorizan ante los cambios positivos de una sociedad se descalifican a sí mismos, no merece la pena ni siquiera polemizar. Si por ellos fuera Torquemada aún estaría dictando sentencias de muerte en Valladolid. Espero y deseo que los homosexuales no confundamos triunfo con dádivas gentiles. En otras palabras, que por ser ciudadanos de primera con todos los deberes y derechos no nos dejemos absorber por un sistema hipócrita, consumista, aborregado y “aborregante” y esencialmente acrítico aunque siempre dispuesto a la crítica fácil y carente de argumentos sólidos. Por lo que a mí respecta, este sistema político y social no me gusta nada, lo he combatido, combato y seguiré haciéndolo con pasión. Rechazo visceralmente sus modos y maneras, sus embustes y trampas, sus matrimonios aburridos –células económicas de mantenimiento de un capitalismo cada vez más feroz – y su soberbia de creerse en posesión de la verdad absoluta. Una sociedad, en suma, que con frecuencia me hace sentir vergüenza de pertenecer al género humano, basta abrir el periódico por las mañanas. Por eso ansío que los homosexuales estemos dispuestos a combatirla y no a consolidarla, perpetuarla y apuntalarla por gratitud a “la gracia concedida” al admitir – no sin tragar bastante hiel - que somos todos iguales antes las leyes.

¿Qué diferencias hay entre la Susana de La insensata geometría del amor y la Susana de tu último libro, Punto y aparte?

El relato es un constructo muy diferente a la novela. Por citar tan sólo una de sus diferencias, una novela puede tener sus altibajos, sus momentos de relax, pero un cuento corto exige una tensión constante, como un relámpago. Me gustan ambos géneros y me siento comodísima en ellos. Punto y aparte es el resultado de un ejercicio total de libertad – también lo fue la Insensata, claro está – pero en tanto novela me exigía una mayor dedicación a sus aspectos formales: la prolijidad en la creación de situaciones y personajes, sus relaciones intrínsecas y fundamentalmente no perder de vista la estricta coherencia de la narración. Por el contrario, cada relato de mi nuevo libro lo he escrito con vehemencia y disfrutando muchísimo, como si navegara todo el tiempo a favor del viento. Tal vez juegue a mi favor el haber nacido en un continente convulso, donde los sucesos se atropellan en la historia, con cambios fulminantes y drásticos, a la manera de un diamante que gira de continuo mostrando sus múltiples caras. El cuento es algo así: la faceta repentina de un diamante que necesita ser contado en el preciso momento y en el exacto lugar. No percibo diferencias abismales entre un libro y otro en lo que a mi esencia se refiere. Sigo siendo quien era, pero con más experiencia y oficio, gracias a las opiniones positivas y negativas recibidas y que me han compelido a reflexionar sobre aspectos poco explorados de mi personalidad. Y he de confesar que algunas miradas ajenas sobre mi obra me han descolocado durante días, obligándome a reposicionarme tanto en el ámbito privado como en el público ¿El resultado?: una experiencia magnífica y sumamente enriquecedora.

Eres argentina, refugiada en España por motivos personales desde hace tiempo, y resides en las Islas Canarias. ¿Te supone algún problema el idioma / entorno social a la hora de escribir?

Cuando se publicó La insensata geometría del amor una lectora española me dijo: “por suerte no la escribió en argentino, no habría pasado de la primera página”. No lo viví como una injuria sino como un piropo, porque precisamente la decisión más ardua que tomé al iniciar su escritura fue decidir cuál lenguaje utilizaría para llegar a todos los hispanohablantes y no solo a un sector limitado. A mí también me sucede que las lecturas excesivamente autóctonas me distancian de su lectura porque no entiendo sus giros, guiños y argots. Me pasa con bastantes autor@s mexicanos, por un ejemplo. Me decanté entonces por un castellano neutro, eliminando las conjugaciones verbales de la segunda persona del plural, puesto que “vosotros” no se utiliza en Latinoamérica, ni en Canarias, ni tampoco en muchas regiones de España. Ha sido, con mucho, el aspecto más trabajoso de mi novela, y estoy satisfecha de haber triunfado en el intento. Ni la persona más avisada se percata que esta suerte de arquitectura lingüística. El “vosotros” y el verbo “coger”, por cierto, que desterré del texto porque en muchos países de habla hispana significa realizar el coito, algo que habría introducido un ruido comunicacional muy fuerte.

¿Qué le reprocharías al mundo homosexual?

El “mundo homosexual” no es una entelequia sino un colectivo concreto de seres humanos muy diferentes entre sí. Cierto que nos une la manera especial y atípica – visto desde la óptica heterosexual imperante - de estar en el mundo, pero eso no significa que automáticamente a nivel personal simpatice con cada uno de sus integrantes en tanto individuos. A grandes rasgos, reprocharía un cierto mimetismo con la sociedad que se supone rechazamos en tanto contestatarios, tal como el predominio de los gays por sobre las lesbianas en el ámbito de las organizaciones reivindicativas, las luchas de poder en el seno de algunos colectivos que reproducen conciente o inconscientemente las mismas reglas de juego del sistema, Papisas y Popes que entronizan o defenestran a otros homosexuales con métodos que en ocasiones rozan la tiranía. Y me permito este juicio de valor porque debido a mi notoria visibilidad como escritora me ha tocado lidiar con algun@s de estos arquetipos que, en su infantilismo, aprueban o desaprueban sin matices, y desde luego no asumiendo el daño personal y público que pueden ocasionar, además de cerrar puertas a lesbianas y gays de las nuevas generaciones que desean militar en un colectivo y que con frecuencia desisten al comprobar estas prácticas antidemocráticas y desvalorizadoras. Felizmente se trata de un fenómeno en franca decadencia. Además, lesbianas y gays sabemos poner en su sitio a quienes pretenden ostentar poderes que no les han sido delegados ¡Si sabremos nosotr@s torear a dictadorzuel@s…!

La visibilidad lesbiana no es ni en cantidad ni en repercusión igual a la de los gays, pero cuestiones de aritmética (población mundial) hay mas mujeres que hombres, ¿A qué se debe aun este “oscurantismo” lésbico? ¿La literatura de escritoras como tú y de otras que escriben historias para mujeres en que medida contribuye a la normalización de la homosexualidad?

Una primera observación: existe la literatura y quienes hacemos literatura. Y aunque el Poder heteromachista se empeñe en clasificaciones tales como “literatura lésbica” o “literatura femenina” en tanto da por sentado que cualquier expresión cultural es “per se” heterosexual y androcéntrica, la creación artística está muy por encima de este tipo de catalogaciones aleatorias y maniqueas. Como en todos los aspectos de la vida, el Patriarcado asigna compartimentos estancos a cualquier expresión que se salga de sus cortas miras, y las lesbianas, en su escala de prioridades, estamos en el último peldaño. Hay escritoras extraordinarias que no logran publicar su obra, o, si echamos la vista atrás, se han visto obligadas a escudarse tras pseudónimos masculinos para ser publicadas. Pero soy optimista. En la medida en que, guste o no guste, las lesbianas arrebatemos parcelas de poder a todos los niveles, nuestra LITERATURA, así con mayúsculas, no llevará el añadido de “lésbica” a imagen y semejanza de la estrella amarilla de los ghetos judíos durante el nazismo. Será literatura a secas, al igual que los escritores hombres, cuya obra no se clasifica como literatura masculina o literatura heterosexual. Este cambio en la taxonomía de las clasificaciones significará la verdadera normalización de lesbianas, y su éxito depende de ambos “bandos” del actual conflicto: los unos obviando sus etiquetas reduccionistas y las otras desechando cualquier intento de encorsetamiento. Por otra parte, las lesbianas estamos en un intenso proceso de búsqueda de nuestros propios códigos y las palabras para expresarlos. Como a todas las mujeres, se nos ha educado para ser heterosexuales, y distanciarse de esta predeterminación es harto difícil. No deseamos escribir las mismas historias que hemos mamado ni hacerlo con las mismas palabras teñidas de heteroseximo. Es un proceso largo y dificultoso, algo así como aprender a hablar partiendo de cero procurando no reiterar modelos sociales y culturales que rechazamos. Pero estoy convencida que la lesbianidad deparará muchas y agradables sorpresas al panorama literario en un breve lapso de tiempo. De hecho, ya lo está haciendo. Por lo que a mí respecta no diría que escribo para mujeres, sino en más bien para mí misma. Lógicamente, soy mujer y lesbiana, hay temas que me interesan pero otros no me importan en absoluto. Si luego hay mujeres y hombres que aprecian mis historias y mi manera de contarlas, miel sobre hojuelas.