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¿Cómo se definiría Susana
Guzner a si misma?
¡Vaya preguntita para abrir boca…! Es difícil
autodefinirse, las apreciaciones propias son
inherentes al ser y el intelecto mediatiza e incluso
invalida cualquier definición taxativa, pero
tentativamente diría que mi esencia es múltiple -
como la de tod@s, por cierto - y los sentimientos,
vivencias y pensamientos más opuestos campean a sus
anchas por mi espíritu sin estorbarse demasiado
entre sí, aunque a veces pueden llegar incluso a las
manos, jaja. Más cosas… Soy muy vulnerable a la par
que fuerte, dubitativa pero resuelta a la hora de
tomar una decisión importante, tierna hasta el
llanto pero por momentos severa, con un cuerpo
físico que escenifica de inmediato los más
variopintos síntomas de cuanto me sucede en el alma,
a tal punto que si me veo ante una situación que me
significa un quebradero de cabeza, por ejemplo, al
poco tiempo me sobreviene una jaqueca, así, sin más.
Me encrespan la injusticia, la mentira, la “callada
por respuesta”, los comentarios malintencionados y
gratuitos… Me dicen que soy seductora, generosa, muy
dulce y leal hasta la exageración, pero también algo
intransigente – es verdad, lo reconozco -, por
momentos radical en mis creencias y con tendencia a
callar lo que siento y pienso, pero cuando estallo…
¡Sálvese quien pueda! jajaja. Y a veces el viento…
¿O no, Alejandro Sanz?
¿Qué ha significado para ti la publicación de tu
novela La insensata geometría del amor?
Un cambio no buscado en mi vida, porque fue una
amiga quien presentó la novela a Random House
Mondadori y decidieron publicarme.
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Susana Guzner.
Escritora de Punto y aparte y La
insensata geometría del amor. |
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A partir de ese momento he tenido
que reajustar a marchas forzadas el salto del
anonimato a una cierta notoriedad con lo que ello
conlleva, y ya he dicho que mi esencia es múltiple:
por una parte me hace feliz el reconocimiento y el
afecto de l@s lector@s y por otra me acarrea algunos
problemillas que nunca había experimentado, como
tomar conciencia de que ya no me observan unos pocos
ojos de amigos y familiares sino una miríada de
pupilas anónimas y ajenas a mi entorno íntimo.
¿Qué piensas de todo el jaleo que se está
formando entorno al matrimonio gay y a las duras
críticas de los que se oponen a él?
La equiparación de nuestros derechos como ciudadanos
era una deuda histórica flagrante, y que comience a
saldarse es pura justicia. ¿Las críticas, sean duras
o solapadas? ¡Pero si se oponen los de siempre, para
qué darle más vueltas! Quienes se aterrorizan ante
los cambios positivos de una sociedad se
descalifican a sí mismos, no merece la pena ni
siquiera polemizar. Si por ellos fuera Torquemada
aún estaría dictando sentencias de muerte en
Valladolid. Espero y deseo que los homosexuales no
confundamos triunfo con dádivas gentiles. En otras
palabras, que por ser ciudadanos de primera con
todos los deberes y derechos no nos dejemos absorber
por un sistema hipócrita, consumista, aborregado y
“aborregante” y esencialmente acrítico aunque
siempre dispuesto a la crítica fácil y carente de
argumentos sólidos. Por lo que a mí respecta, este
sistema político y social no me gusta nada, lo he
combatido, combato y seguiré haciéndolo con pasión.
Rechazo visceralmente sus modos y maneras, sus
embustes y trampas, sus matrimonios aburridos
–células económicas de mantenimiento de un
capitalismo cada vez más feroz – y su soberbia de
creerse en posesión de la verdad absoluta. Una
sociedad, en suma, que con frecuencia me hace sentir
vergüenza de pertenecer al género humano, basta
abrir el periódico por las mañanas. Por eso ansío
que los homosexuales estemos dispuestos a combatirla
y no a consolidarla, perpetuarla y apuntalarla por
gratitud a “la gracia concedida” al admitir – no sin
tragar bastante hiel - que somos todos iguales antes
las leyes.
¿Qué diferencias hay entre la Susana de La
insensata geometría del amor y la Susana de tu
último libro, Punto y aparte?
El relato es un constructo muy diferente a la
novela. Por citar tan sólo una de sus diferencias,
una novela puede tener sus altibajos, sus momentos
de relax, pero un cuento corto exige una tensión
constante, como un relámpago. Me gustan ambos
géneros y me siento comodísima en ellos. Punto y
aparte es el resultado de un ejercicio total de
libertad – también lo fue la Insensata, claro está –
pero en tanto novela me exigía una mayor dedicación
a sus aspectos formales: la prolijidad en la
creación de situaciones y personajes, sus relaciones
intrínsecas y fundamentalmente no perder de vista la
estricta coherencia de la narración. Por el
contrario, cada relato de mi nuevo libro lo he
escrito con vehemencia y disfrutando muchísimo, como
si navegara todo el tiempo a favor del viento. Tal
vez juegue a mi favor el haber nacido en un
continente convulso, donde los sucesos se atropellan
en la historia, con cambios fulminantes y drásticos,
a la manera de un diamante que gira de continuo
mostrando sus múltiples caras. El cuento es algo
así: la faceta repentina de un diamante que necesita
ser contado en el preciso momento y en el exacto
lugar. No percibo diferencias abismales entre un
libro y otro en lo que a mi esencia se refiere. Sigo
siendo quien era, pero con más experiencia y oficio,
gracias a las opiniones positivas y negativas
recibidas y que me han compelido a reflexionar sobre
aspectos poco explorados de mi personalidad. Y he de
confesar que algunas miradas ajenas sobre mi obra me
han descolocado durante días, obligándome a
reposicionarme tanto en el ámbito privado como en el
público ¿El resultado?: una experiencia magnífica y
sumamente enriquecedora.
Eres argentina, refugiada en España por motivos
personales desde hace tiempo, y resides en las Islas
Canarias. ¿Te supone algún problema el idioma /
entorno social a la hora de escribir?
Cuando se publicó La insensata geometría del amor
una lectora española me dijo: “por suerte no la
escribió en argentino, no habría pasado de la
primera página”. No lo viví como una injuria sino
como un piropo, porque precisamente la decisión más
ardua que tomé al iniciar su escritura fue decidir
cuál lenguaje utilizaría para llegar a todos los
hispanohablantes y no solo a un sector limitado. A
mí también me sucede que las lecturas excesivamente
autóctonas me distancian de su lectura porque no
entiendo sus giros, guiños y argots. Me pasa con
bastantes autor@s mexicanos, por un ejemplo. Me
decanté entonces por un castellano neutro,
eliminando las conjugaciones verbales de la segunda
persona del plural, puesto que “vosotros” no se
utiliza en Latinoamérica, ni en Canarias, ni tampoco
en muchas regiones de España. Ha sido, con mucho, el
aspecto más trabajoso de mi novela, y estoy
satisfecha de haber triunfado en el intento. Ni la
persona más avisada se percata que esta suerte de
arquitectura lingüística. El “vosotros” y el verbo
“coger”, por cierto, que desterré del texto porque
en muchos países de habla hispana significa realizar
el coito, algo que habría introducido un ruido
comunicacional muy fuerte.
¿Qué le reprocharías al mundo homosexual?
El “mundo homosexual” no es una entelequia sino un
colectivo concreto de seres humanos muy diferentes
entre sí. Cierto que nos une la manera especial y
atípica – visto desde la óptica heterosexual
imperante - de estar en el mundo, pero eso no
significa que automáticamente a nivel personal
simpatice con cada uno de sus integrantes en tanto
individuos. A grandes rasgos, reprocharía un cierto
mimetismo con la sociedad que se supone rechazamos
en tanto contestatarios, tal como el predominio de
los gays por sobre las lesbianas en el ámbito de las
organizaciones reivindicativas, las luchas de poder
en el seno de algunos colectivos que reproducen
conciente o inconscientemente las mismas reglas de
juego del sistema, Papisas y Popes que entronizan o
defenestran a otros homosexuales con métodos que en
ocasiones rozan la tiranía. Y me permito este juicio
de valor porque debido a mi notoria visibilidad como
escritora me ha tocado lidiar con algun@s de estos
arquetipos que, en su infantilismo, aprueban o
desaprueban sin matices, y desde luego no asumiendo
el daño personal y público que pueden ocasionar,
además de cerrar puertas a lesbianas y gays de las
nuevas generaciones que desean militar en un
colectivo y que con frecuencia desisten al comprobar
estas prácticas antidemocráticas y desvalorizadoras.
Felizmente se trata de un fenómeno en franca
decadencia. Además, lesbianas y gays sabemos poner
en su sitio a quienes pretenden ostentar poderes que
no les han sido delegados ¡Si sabremos nosotr@s
torear a
dictadorzuel@s…!
La visibilidad lesbiana no es ni en cantidad ni
en repercusión igual a la de los gays, pero
cuestiones de aritmética (población mundial) hay mas
mujeres que hombres, ¿A qué se debe aun este
“oscurantismo” lésbico? ¿La literatura de escritoras
como tú y de otras que escriben historias para
mujeres en que medida contribuye a la normalización
de la homosexualidad?
Una primera observación: existe la literatura y
quienes hacemos literatura. Y aunque el Poder
heteromachista se empeñe en clasificaciones tales
como “literatura lésbica” o “literatura femenina” en
tanto da por sentado que cualquier expresión
cultural es “per se” heterosexual y androcéntrica,
la creación artística está muy por encima de este
tipo de catalogaciones aleatorias y maniqueas. Como
en todos los aspectos de la vida, el Patriarcado
asigna compartimentos estancos a cualquier expresión
que se salga de sus cortas miras, y las lesbianas,
en su escala de prioridades, estamos en el último
peldaño. Hay escritoras extraordinarias que no
logran publicar su obra, o, si echamos la vista
atrás, se han visto obligadas a escudarse tras
pseudónimos masculinos para ser publicadas. Pero soy
optimista. En la medida en que, guste o no guste,
las lesbianas arrebatemos parcelas de poder a todos
los niveles, nuestra LITERATURA, así con mayúsculas,
no llevará el añadido de “lésbica” a imagen y
semejanza de la estrella amarilla de los ghetos
judíos durante el nazismo. Será literatura a secas,
al igual que los escritores hombres, cuya obra no se
clasifica como literatura masculina o literatura
heterosexual. Este cambio en la taxonomía de las
clasificaciones significará la verdadera
normalización de lesbianas, y su éxito depende de
ambos “bandos” del actual conflicto: los unos
obviando sus etiquetas reduccionistas y las otras
desechando cualquier intento de encorsetamiento. Por
otra parte, las lesbianas estamos en un intenso
proceso de búsqueda de nuestros propios códigos y
las palabras para expresarlos. Como a todas las
mujeres, se nos ha educado para ser heterosexuales,
y distanciarse de esta predeterminación es harto
difícil. No deseamos escribir las mismas historias
que hemos mamado ni hacerlo con las mismas palabras
teñidas de heteroseximo. Es un proceso largo y
dificultoso, algo así como aprender a hablar
partiendo de cero procurando no reiterar modelos
sociales y culturales que rechazamos. Pero estoy
convencida que la lesbianidad deparará muchas y
agradables sorpresas al panorama literario en un
breve lapso de tiempo. De hecho, ya lo está
haciendo. Por lo que a mí respecta no diría que
escribo para mujeres, sino en más bien para mí
misma. Lógicamente, soy mujer y lesbiana, hay temas
que me interesan pero otros no me importan en
absoluto. Si luego hay mujeres y hombres que
aprecian mis historias y mi manera de contarlas,
miel sobre hojuelas.
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