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David Bigorra
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Isabel Franc nos
habla de Lola Vanguardia
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“No me llames cariño” llega de
la mano de Isabel Franc acompañada por su ya
inseparable alter ego Lola Van Guardia
- Lola Van Guardia e Isabel
Franc. ¿Cómo lleva esta doble personalidad?
Sin problemas. Nos soportamos mutuamente. Isabel
Franc es un poco más seria, más comedida y menos
engreída que LVG. En realidad, LVG nació como un
juego. Cuando escribía Con Pedigree, teníamos
intención de presentarla como una novela por
entregas y eso requiere seudónimo. Más adelante,
cuando el libro salió completo, la editorial y yo
decidimos mantener el seudónimo con la intención de
crear cierta curiosidad en torno a la autoría. Y lo
conseguimos, se dijeron nombres impensable como
probables autoras (incluso autores) de la trilogía.
Y ya ves, de un libro se pasó a tres. A LVG se le
subió el éxito a la cabeza y no hace más que
recordármelo, pero se lo tolero bien.
- ¿Es cierto que ya de joven
tuvo problemas en el instituto por escribir relatos
de carácter erótico?
No, no. Eso le paso a LVG. Yo en aquella época era
tonta, muy tímida, algo atormentada. No habría sido
capaz de hacer o decir nada que me pusiera en
evidencia.
- ¿Cuándo empieza a destacar Isabel Franc con la
pluma?
Empecé a escribir a muy corta edad, como se suele
decir. Todavía guardo algunos cuentos escritos a los
nueve años. Me gustaba inventar historias, salir del
mundo real como fuese. Luego intenté formarme. Hice
algunos talleres de escritura con Cristina Peri Rosi
a la que considero mi maestra. La publicación llegó
en 1992 con la primera novela que escribí: Entre
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todas las mujeres. La envié al premio la Sonrisa
Vertical y quedó finalista. Fue un gran estímulo.
¡Ah, perdón! ¿Se refiere a la otra pluma? Yo creo
que desde la cuna.
- ¿Qué es lo que le impulsa a escribir?
En mi caso es una cuestión de supervivencia. Se
juntan varios frentes que te llevan a la escritura.
Por una parte, esa necesidad de la que hablaba
antes, de crear mundos de ficción para poder
soportar realidades poco satisfactorias, incluso
trágicas. Por otra parte, en mi historia hay un robo
de las palabras. Soy de una época en la que no se
podía hablar y de una familia en la que no se
hablaba. Ha habido siempre una búsqueda de poner
nombre a las cosas, de decirlas. Pero de decirlas
sin dramatismos de ver la parte paródica de las
situaciones y reflejarlas con humor. Creo que así
llegan más y mejor y para mí es mucho más divertido.
- ¿Se considera como una escritora con pedigree,
que posee una pluma de doble filo y que habita en la
mansión de las tríbadas?
Ja, ja… ¡Qué simpático! Escritora ¿con pedigree
lésbico? No te diría yo que no. Con pluma de doble
filo sí, en todos los sentidos, pero sobre todo
porque en lo que escribo hay una doble intención:
distraer, entretener, hacer que las lectoras pasen
un rato agradable y también hacer reflexionar sobre
el lesbianismo y la forma de funcionar de las
lesbianas. Y, por último, no, no habito en una
mansión de las tríbadas aunque ya me gustaría. Vivo
en una casita, a 20 km. de Barcelona, con una perra
llamada Nua y un gatito andrógino.
- Como Lola Van Guardia, ¿qué novela es su
preferida de la trilogía? ¿Y como Isabel Franc? ¿por
qué?
Ni como Franc ni como LVG puedo elegir una, sería
como elegir a una de mis hijas. En la primera se
presentan los personajes y todo se desarrolla dentro
del mundo del ambiente. La segunda sale de ese mundo
cerrado, incorpora elementos de intriga y aparece un
personaje muy importante, la inspectora García. La
tercera consolida a las personajes y cierra el ciclo
aportando una fuerte dosis reivindicativa. Aunque
pueden leerse de forma independiente, en realidad,
son un todo.
- ¿Por qué cree que las lectoras han encontrado
tanta diferencia entre la trilogía de LVG y Entre
todas las mujeres de Isabel Franc?
Pues la verdad es que no lo sé ni lo entiendo muy
bien. Hay elementos que son comunes: la ironía, los
aspectos paródicos… tal vez porque Entre todas las
mujeres está escrita en otro tono, imitando formas
literarias más clásicas, más en consonancia con la
época en que está situada. A muchas chicas, la
trilogía les resulta más cercana porque se sienten
identificadas y porque pueden reírse de sí mimas,
algo casi inexistente en la historia de la llamada
literatura lésbica.
- ¿Por qué se siente cómoda en la parodia a la
hora de escribir?
Creo, sinceramente, que la vida es muy trágica, por
eso, no puedo llegar a casa, encerrarme en mi mundo
y reproducir esa tragedia. Necesito darle la vuelta.
Sin duda, me siento cómoda en la parodia porque soy
la primera en divertirme, antes incluso que las
lectoras. Nunca he entendido que alguien diga que
sufre escribiendo. A veces me lo han preguntado y mi
respuesta es un no rotundo, al contrario, yo me
divierto muchísimo y no entiendo esa elección si
lleva al sufrimiento. Cuando alguien me dice que
sufre escribiendo le aconsejo que se dedique a hacer
bailes de salón.
- ¿Cómo ha sido la acogida de su obra traducida
al francés?
Mucho mejor de lo que esperaba. Pensaba que algunos
aspectos de la trilogía no podían entenderse en otro
país ya que son muy localistas, muy de nuestra
cultura. Sin embargo, allí las chicas se sienten
identificadas igualmente. La dueña de un bar de
ambiente de París me dijo que todas las historias
que ocurren en el Gay Night suceden también en su
bar. Creo que la clave está en que las novelas
presentan personajes muy prototípicas, algo tópicas
incluso y muy variadas, con características comunes
a muchos tipos de lesbianas diferentes. Es que no
todas somos iguales ¿sabes? No, no, las hay bajas,
altas, de derechas, de izquierdas, con más pluma con
menos… Ahora voy a Italia a presentar la traducción
de Con Pedigree y tengo mucha curiosidad por ver que
acogida tiene, qué comentan las italianas. En
principio hay mucha expectativa. Tengo que presentar
en siete ciudades: Roma, Bari, Torino, Milano,
Firenze, Bolognia i Brescia. Eso es buena señal.
Creo que igualmente habrá identificación. Os lo
contaré a mi regreso.
- ¿Por qué crees que las lesbianas son menos
visibles que los gays?
Pienso que está relacionado con la historia de las
mujeres, de todas las mujeres que han sido
invisibilizadas por el patriarcado. No hemos
existido y nuestra sexualidad mucho menos. ¿Cuántos
nombres de filósofas, historiadoras, artistas,
científicas, etc. aparecen en los libros de
historia? ¿Cuántas escritoras tuvieron que utilizar
seudónimo masculino para poder publicar, para ser
reconocidas? Virginia Wolf en su insuperable Una
habitación propia lo explica mejor que nadie. La
mujer no ha tenido acceso a la cultura y su
sexualidad inombrable, sólo era una máquina
reproductora. Desde luego, admito que las cosas han
cambiado, pero arrastramos un lastre y eso influye
en la visibilidad actual.
- Háblanos de tu último trabajo
No me llames cariño. Ese es el título. Es una
historia escrita a dúo, entre Isabel Franc y Lola
Van Guardia. Aparecen dos personajes de la trilogía.
La inspectora García y su inseparable Montse Murals
y hay muchos guiños, referencias a otros personajes
de la trilogía. Mantiene elementos comunes como la
utilización del genérico en femenino e incorpora un
elemento nuevo e insólito, impensable en la
producción de LVG: en esta novela salen hombres… sí,
sí, como te lo cuento. Lo que no voy a decirte es
cómo salen. El viernes 19 de noviembre haremos la
presentación en Barcelona. |
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