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Vivimos en una sociedad creada por hombres, que
conoce una estratificación del poder
político y religioso, que nos asigna el papel de
inferiores.
Las mujeres en general y las escritoras en
particular hemos aprendido a ver el mundo a
partir del imaginario en el que hemos crecido,
un imaginario que ya no nos sirve. La literatura
femenina, en general, amalgama un mismo punto de
vista expresado desde diferentes voces, la
perspectiva que emana de nuestra propia
naturaleza de mujeres. Tenemos nuestro propio
estilo y ámbito de creación, porque la creación
es inherente a lo que el escritor o la escritora
vive.
Desde el momento en que no existe la igualdad
política, ni jurídica, ni educativa, ni social
ente hombres y mujeres, nuestras vivencias de
socialización, de relación, de búsqueda de
nuestro lugar en el mundo, difieren en muchos
aspectos. (Por no hablar de las diferencias de
vivencias puramente corporales... no creo que un
hombre pueda siquiera imaginar qué es un
embarazo). En consecuencia la visión del mundo
de hombres y mujeres presenta rasgos diferentes,
hecho que deja huella en su respectiva
aportación a la literatura.
No son las experiencias propias de nuestro sexo
las únicas que buscamos en el espejo de la
ficción. También buscamos otras, propias de
nuestra generación, nuestra geografía o
nuestra cultura. En la lectura y en la escritura
hay muchos ingredientes que configuran a un ser
humano: el lugar donde se ha nacido, la
generación en la que se enmarque, los escritores
que ha leído y, sobre todo los que ha amado.
Pero qué duda cabe que las experiencias que un
autor tiene y las que le están vedadas
condicionan también la elección de los temas que
busque en los libros y los temas sobre los que
escriba. Y con esto no quiero decir que un
escritor hombre no pueda, por supuesto, crear
excelentes personajes femeninos, y viceversa,
pero no podemos olvidar que es muy diferente
escribir desde la experiencia que desde la
documentación o la fantasía.
Como escritoras las mujeres siempre han tenido
una historia propia y la siguen haciendo, porque
el arte de creación nunca es puramente
individual, sino que se integra inevitablemente
dentro de una tradición y responde a una serie
de condicionantes sociales y culturales del
autor.
Yo creo en el poder de la palabra escrita y
también en la política de lo escrito. Hasta hace
muy poco la experiencia de la mujer, de la mujer
como paria en un sistema patriarcal se ha
mantenido invisible en el arte. Nuestras vidas -
ocultas aunque omnipresentes, por el hecho mismo
de mantenerse escondidas- han servido a
propósitos políticos. Nuestro silencio
reafirmaba otras causas: las antiabortistas, por
ejemplo. Hasta que las mujeres no comenzaron a
hablar por sí mismas, no se supo de verdad lo
que pensaban las mujeres.
A la tradición literaria de mujeres le
corresponde una subversión tan literaria como
política. La definitiva subversión del sujeto
lírico y literario clásico femenino, la función
de dar voz a un sujeto que siempre fue objeto
literario y al que sólo se le concedió cabida en
los extremos del eje bipolar bondad-maldad,
asignándonos el papel de musas, madres y amadas,
o el de putas, adúlteras o locas. Una mujer que
no sometiera su sexualidad a los imperativos de
la sociedad patriarcal acababa mereciendo en los
libros un final trágico. Baste recordar a los
tres modelos femeninos literarios par excelente
del siglo XIX: Madame Bovary, Ana Karenina y
Anita Ozores .
No resulta descabellado pues hablar de
literatura femenina, al referirnos a textos con
rasgos específicos que permiten a las mujeres
reconocerse a sí mismas. Entre estos rasgos
específicos podríamos citar un lenguaje más
reflexivo, más matizado y sensual, un tono
intimista, un mayor uso de la primera persona y
la autobiografía, una insistencia en la
exploración de sentimientos, una constante
presencia de lo cotidiano y lo concreto, una
abundancia de imágenes recurrentes como el agua
y la habitación cerrada, una ampliación de los
motivos y los personajes ... Y una forma
distinta de tratar las experiencias eróticas.
El sexo del autor (como su religión, su raza o
su opción sexual) condiciona sus escritos,
porque la literatura a la postre no es sino un
modo de universalizar la experiencia, de
convertirla en trascendente. Este rasgo se
percibe muy claramente en las diferentes maneras
en que hombres y mujeres abordan las escenas
eróticas.
Ellos son más visuales y descriptivos, ellas más
sensuales y plásticas; porque los hombres
cuentan lo que ven y las mujeres lo que sienten,
y así nos encontramos con descripciones
masculinas de falos enormes, senos erguidos e
inacabables torrentes de semen, y narraciones
femeninas de hormigueos que ascienden por la
columna, contracciones que disparan el vientre o
habitaciones que se disuelven por obra y gracia
del placer compartido. Las mujeres tendemos más
a la utilización de un erotismo poético cargado
de imágenes, entendiendo la imagen no como un
simple ornato sino como un modo de conocimiento,
de explorar vinculaciones desconocidas entre
términos que en general no suelen asociarse, de
atreverse a ir más allá de lo evidente. Durante
siglos cada palabra escrita por una mujer ha
arrastrado una pesada bola de apariencias; y
cuando por fin nos hemos decidido a serrar las
cadenas que lastraban nuestros tobillos hemos
aportado al imaginario erótico una forma
completamente nueva de entender el sexo, desde
dentro hacia fuera, y no al contrario.
Hablando de personajes la literatura masculina
había creado tres prototipos básicos: mujer
abandonada, mujer diabólica, mujer rechazada. La
femenina crea un nuevo tipo de mujer: ni bella
ni rica ni elegante pero tampoco una amazona ni
una prostituta ni una arpía. En cuanto a la
ampliación de motivos, la literatura femenina
explora las relaciones entre mujeres como nunca
antes se había hecho, dando lugar a diferentes
temas algunos de los cuales, como bien apuntaba
Laura Freixas, no existían previamente en
literatura, o al menos no habían sido incluidos
en la lista de los 10 temas universales de la
literatura recopilados por Jean Genet: la
relación madre-hija o entre hermanas, o la
ambigua relación
amor-odio/cooperación-competencia que se
establece entre amigas íntimas, en especial en
la adolescencia.
Hay que aclarar también que esta interpretación
no pretende ser exclusiva. Una obra literaria se
puede estudiar desde muy diferentes
perspectivas, y cada uno se acerca a la
literatura desde el camino que prefiere. Uno
puede estudiar a Djuna Barnes como miembro de la
Lost Generation, del grupo de mujeres de la Rive
Gauche, de la tradición literaria femenina
norteamericana o incluso como un hito de la
literatura gay contemporánea, y no dejará de ser
la misma Djuna Barnes, situada en un eje de
coordenadas en el que confluyen, como en toda
obra literaria, diferentes herencias y
tradiciones.
De la misma forma que Marcel Proust no podría
definirse exclusivamente como un autor judío ni
francés, ni homosexual, ni introspectivo, sino
como una suma de todas estas calidades y de
muchas otras. Cada cual se puede acercar a Djuna
Barnes o a Marcel Proust y obtener una diferente
enseñanza de sus obras, porque la obra literaria
nunca está cerrada, permanece siempre abierta a
la interpretación del lector y susceptible de
adquirir los más diversos significados.
De manera que hablar de tradición femenina no
implica, como muchos creen, encerrar a nuestras
obras en un guetto, sino proponer un itinerario
a través de la selva de las obras literarias
para aquellas en busca de su propia identidad,
de unos modelos en los que reconocerse y unas
experiencias que compartir.
Una vez se ha admitido que la literatura
femenina existe cómo género, y como género que
puede interactuar con tantos otros, cabe
preguntarse por qué la literatura de mujeres no
puede estudiarse, según algunos, con la misma
ecuanimidad con la que se estudia la literatura.
judía, la afro americana, la del exilio, o la
homosexual. La respuesta estriba probablemente
en el desprecio atávico hacia todo lo femenino
que arrastra nuestra cultura.
La crítica literaria tiende a borrar la
identidad de las autoras y a minimizar su papel
en las generaciones o movimientos literarios en
los que se integraron. De existir dos autores de
igual importancia o calidad literaria, la
crítica beneficiará siempre al varón, al que
canonizará como adalid de su grupo literario.
Por no hablar de los prejuicios inherentes a
cualquier interpretación sobre una obra
femenina, que insisten en adjudicar unas
concepciones obsoletas a las autoras: En
biografías, comentarios críticos, y prólogos de
obras una puede encontrarse con lindezas tales
como que Jane Austen vivió su existencia sumida
en una tranquila frustración, que Emily
Dickinson se encerró a escribir porque era fea,
o que Cristina Rosetti renunció a dos propuestas
matrimoniales porque tenía terror al sexo. Las
escritoras célibes han sido siempre calificadas
de frustradas o amargadas, olvidando , por lo
visto, que hasta mediados del siglo XX una mujer
casada debía renunciar a toda independencia
económica y moral en favor de su marido ( una
situación que describió muy bien Colette en su
novela Claudine s'en va) y que lógicamente,
cualquier fémina que decidiese dedicar su vida a
la creación se lo pensaría mucho antes de
aceptar una propuesta de matrimonio.
En el caso contrario, es decir, si la escritora
había decidido llevar una vida sexual más o
menos libre, se nos la presentará casi siempre
como a una persona terriblemente infeliz y
amargada, como es el caso de Jane Bowles, Djuna
Barnes, o Jean Rhys, o se habrán hecho
desaparecer las pruebas de su felicidad, como
sucedió con las cartas que la Condesa de Pardo
Bazán escribió a Benito Pérez Galdós y que la
entonces señora de Franco tuvo a bien quemar,
por indecentes, en una hoguera preparada a tal
efecto en el Pazo de Meirás. (Las de él se
salvaron).
( Los párrafos anteriores se hacen extensivos
para a la tradición femenina en cualquier campo
artístico: pintoras, escultoras y músicas han
sido sistemáticamente borradas de la historia y
denostadas) Esta corriente de prejuicios ha
contribuido a crear la idea generalizada de
literatura femenina como equivalente de
subliteratura: "literatura obvia y
cornucopística... para señoras desocupadas de
mediana edad y fortuna media... " en palabras
del muy prestigioso (en sus círculos) crítico
Massoliver Ródenas. Una especie de versión culta
de los culebrones venezolanos y las novelas
rosas de Corín Tellado, vamos. Es divertido
comprobar las numerosas veces en las que un
escritor que quiere cuestionar la calidad de
otro dice del primero que "escribe para
señoras". Teniendo en cuenta que en este país la
mayoría de los compradores de ficción son
mujeres, los denostadores deberían detenerse a
reflexionar sobre el hecho casi inevitable de
que quienes les leen a ellos serán en su mayoría
mujeres, y por tanto, todos los narradores de
éxito de este país escriben -quieran o no- "para
señoras". Ya ven.
Si bien es cierto que ahora publican más mujeres
que hace años, también lo es que siguen
publicando menos que los hombres.
Aproximadamente sólo un 20% de los títulos
publicados al años en España son femeninos. La
situación no cambia al hablar de literatura
joven, como lo prueba el volumen de cuentos
"Páginas amarillas" ,que pretende recopilar
relatos de todos los autores menores de 35 años
publicados en España: en él figuran 7 autoras
frente a 31 autores. Ni para la poesía: La
inclusión de poetisas en toda antología es
puramente testimonial ¿qué hubiese sido de las
últimas antologías si el porcentaje hubiera sido
inverso? (es decir, 22 mujeres y un hombre o 20
mujeres y cuatro hombres). Por no hablar de los
congresos. Precisamente ahora acabo de venir de
Oviedo, donde la proporción de participantes era
de ocho contra dos, a favor de ellos. Y la
crítica literaria: Los críticos "estrella" de
todos y cada uno de los suplementos culturales
de este país son hombres. (Por cierto: El
ínclito Ignacio Echevarría, haciendo un repaso
del panorama literario español ante el nuevo
milenio no citó a una sola autora. Ni una. Sin
comentarios).
-¿Qué cualidad valoras más de las personas?
La honestidad y la energía positiva.
- En diferentes ocasiones te has manifestado
en cuanto a la discriminación que sufre la mujer
en diferentes aspectos, laborales, sociales etc.
¿Qué medidas consideras básicas para paliar la
oleada de mujeres maltratadas e incluso
asesinadas que vivimos en la actualidad?
Recientemente un estudio universitario realizado
en la Universidad de Comillas concluía , a
partir de una batería de entrevistas y
encuestas, que
los hombres tienen más autoestima que las
mujeres. Otro estudio de Harvard sobre la
diferencia de atención de los maestros a niños y
niñas demostró que los niños recibían siempre
mayor atención, incluso cuando el tutor
aseguraba estar comprometido conscientemente en
evitar la diferencia de género. Solo al ver los
videos realizados en sus clases repararon muchos
en que frecuentemente, e inconscientemente,
favorecían a los varones. Si los mismos
profesores progresistas refuerzan sin quererlo
la idea de la sociedad acerca de la superioridad
masculina, porque la han interiorizado y la
reproducen de forma inconsciente, imaginad que
no harán los legionarios de Cristo, los
directores de periódicos de derechas, o los
programadores televisivos ¡ No es una sorpresa
que las mujeres nonos valoremos ! Cuando yo era
joven el eufemismo " el problema femenino" se
refería a la menstruación. A día de hoy la
autoestima, o más bien la falta de ella, se ha
convertido en el problema femenino por
antonomasia.
Muchas de nosotras tenemos que mirar hacia fuera
para conseguir nuestra autoestima y esperamos de
los demás que nos valoren para poder así
valorarnos a nosotras mismas, lo que ,
inevitablemente, nos deja con un regusto amargo
de sentirnos utilizadas e invadidas. Y
permitimos esta invasión por miedo y por culpa:
miedo al rechazo, a no gustar, a no estar a la
altura de las expectativas del otro, y culpa
cuando no se está. Porque tememos el rechazo de
los demás permitimos que violen nuestros
espacios y fronteras emocionales El caso es que
no podemos sobrevivir emocionalmente si
insistimos en gustarle a todo el mundo y a poner
a los demás por encima de nosotras mismas.
Es decir, que creo que mientras no eduquemos a
nuestros hijos y hijas en la igualdad problemas
como el maltrato, la discriminación salarial, la
laboral, las redes mafiosas de prostitución y
esclavismo etc. etc no se solucionarán jamás.
- ¿Qué opinas sobre que Myrian Tey dirija el
instituto de la mujer y que Ana Botella sea
concejala de asuntos sociales?
Por mí Myriam Tey podría publicar el libro que
quisiera si fuera una editora más, pero si está
dirigiendo el Instituto de la Mujer no puede
publicar en privado un libro contrario a lo que
defiende en público. Es como si el Presidente
del Atleti se fuera al palco del Real
Madrid. Creo que habría debido dimitir.
En cuanto a lo de Ana Botella, creo que es más
que sabido que no soy votante ni simpatizante
del PP.
- Nunca entenderé por qué la crítica de
nuestro país se ceba de forma negativa con tu
trabajo mientras que fuera de nuestro país eres
considerada una de las mejores escritoras del
momento. ¿Puedes explicármelo?
Preguntáte por qué Almodovar vivió idéntica
situación hasta que le nominaron al Oscar. Ahora
la gente no lo recuerda, pero mientras en
Francia era el nuevo Fassbinder, en España nunca
había recibido un Goya y la crítica lo ponía a
caer de un burro.
- No cabe duda que Lucia Etxebarria es una
mujer polifacética: has escrito novelas,
cuentos, poesía, ensayo e incluso guión
cinematográfico. ¿Con qué género te sientes más
cómoda a la hora de escribir?
Me siento cómoda en todos excepto en el guión,
porque el resultado del guión no depende de mí.,
sino del director, el actor, el montador, etc,
etc... Y muchas veces lo que finalmente aparece
en pantalla no tiene mucho o nada que ver con lo
que yo escribí.
- En tu trabajo a menudo se refleja la
homosexualidad femenina. ¿Qué opinas del outing
forzoso, algo muy habitual en los últimos
tiempos?
Creo que el outing solo está justificado en el
caso de políticos cuyo partido esté en contra de
los intereses homosexuales, pues entonces se
demostraría que no se trata de un político
integro sino de alguien dispuesto a traicionar
sus propios instintos, intereses o ideario a
cambio de poder.
Pero para otras profesiones, soy contraria. Si
un heterosexual puede reclamar el derecho a que
nunca se hable de su pareja ( y por eso nunca
has visto en la tele al novio de Emma Suárez o a
el de Aitana, porque los medios las respetan),
lo mismo puede reclamar un homosexual. La vida
privada de cada uno se tiene que respetar en
tanto no interfiera con la pública.
- Recuerdo una frase tuya muy clara y
contundente " Los hombres escriben lo que ven y
las mujeres lo que sienten" ¿Qué siente Lucia
Etxebarria cuando escribe, en que se inspira?
La realidad siempre supera a la ficción así que
me basta con echar un vistazo a mi alrededor.
- ¿ Por qué en sus novelas la relación de
pareja siempre se contempla desde un punto de
vista tan escéptico?
En mi entorno conozco a muchas mas
compromisofóbicas que compromisofobicos. Por
cada soltera que afirma que no quiere casarse de
ninguna manera y que está feliz como está
conozco a cinco hombres lamentándose de su
soledad. Al fin y al cabo , la mayoría de las
mujeres de mi generación hemos crecido criadas
por una madre que no trabajaba fuera de casa, y
en muchos casos esta situación no se debía a una
elección voluntaria de nuestra progenitora, sino
a la imposición de un padre que no la dejó
estudiar o un marido que consideraba un deshonor
que su (subrayo el posesivo) señora trabajara.
Muchas hemos escuchado a nuestra madre
lamentarse del error que cometió y asegurar que
el matrimonio y la maternidad la habían anulado,
que no la habían permitido conservar el menor
espacio- literal o figurado- para sí misma. Para
colmo, nuestras madres no podían concebir
siquiera una relación igualitaria con un hombre
- nadie les había siquiera insinuado tal
posibilidad - con lo cual tendían, consciente o
inconscientemente, a culpar a nuestro padre o al
suyo de todos sus problemas, y a presentarnos un
retrato del hombre como ser insensible incapaz
de considerar a la mujer como poca cosa más que
una esclava. Así las cosas, ¿a alguien le
sorprende hora que entre la élite de mujeres
trabajadoras y autosuficientes tantas conciban
al matrimonio como una cárcel, un prisión o una
tortura y ascienda espectacularmente en este
micromundo la proporción de solteras,
divorciadas o madres solas?.
Hablo de micromundo porque lo cierto es que la
tasa de empleo femenino en el primer mundo es
muy baja, no llega al 33%. Y de ese 33% la
mayoría de las mujeres ocupan el subempleo,
trabajos alienantes y mal remunerados,
concebidos (por el patrón) y aceptados (por la
trabajadora-esclava) solo para obtener un sueldo
complementario al que el hombre aporta a la
unidad familiar. Pero algunas mujeres se
automantienen, las habitantes de ese micromundo
al que supuestamente pertenecen Ally Mac Beal o
Bridget Jones.
Ally Mac Beal es una abogada a la que nunca
hemos visto preparar un juicio, buscar
jurispurudencia, consultar archivos, .. a la que
nunca le fijan una vista seis meses después de
presentar la demanda, ni tiene que embarcarse en
interminables juicios de tres o cuatro años
remontando los meandros laberínticos del sistema
jurídico. O sea Ally Mac beal es una abogada que
no existe. En primer lugar no existe porque un
personaje como ella no tiene cabida en el mundo
real. Y a poco que siga adelgazando, tampoco lo
tendrá en el mundo catódico, porque cualquier
día de estos desaparecerá, se desvanecerá en el
éter, y solo nos quedara su vocecita de pito,
Ally reducida a una voz en off. En general una
abogada de menos de 30 años o bien está
trabajando como una negra doce horas diarias ,
casi siempre a cambio de un sueldo ínfimo, o
bien está en el paro. Desde luego lo que no se
pasa es el día en el despacho flirteando con el
jefe, cotilleando con un water parlante o
suspirando por un ansiado novio que nunca
llega.. Por lo demás, cualquier mujer de treinta
años no tiene el cuerpo de Ally Mac Beal a no
ser que sea anoréxica.
- ¿Te molesta que fuera de España se te compare
a menudo con Helen Fielding?
Un poco. porque no me creo nada a Bridget Jones.
Diosa de mi vida... para qué hablar... Yo he
trabajado en el mundo editorial, precisamente
desempeñando el mismo puesto que supuestamente
desempeña la boba esa y puedo asegurar que a) se
trabaja mucho más, b) te explotan de tal manera
que de verdad no tienes la cabeza como para
ocuparla en tonterías tales como preocuparte por
el tal novio que no llega ( más bien debes
preocuparte por esquivar a sobones varios, de
los que abundan en el medio) y c) los jefes
suelen ser unos señores con barba, barriga,
canas, gafas, y problemas con la hipoteca nada
que ver con el pijo ése megaforrado y supersexy
que es el jefe de la tal Bridget.
Resumiendo, quede claro que ni mis amigas ni yo
estamos obsesionadas con pillar novio ( aunque
conozco a varias obsesionadas con como lograr
que el que tienen encuentre por fin apartamento
propio y se vaya de casa), ni con nuestros
kilos, y conste que todas tenemos celulitis y
cartucheras ( como cualquier mujer mayor de 25,
por otra parte), pero no nos pasamos el día
contando calorías para eliminarlos, más que nada
porque no tenemos tiempo como para perderlo en
memeces tales. Ninguna libros libros de
autoayuda, tenemos una vida sexual más o menos
apañada ( vale, no es la de Rocco Siffredi,
precisamente, pero tampoco nosotras tenemos las
hormonas de Rocco), bebemos lo justo, nos
drogamos también lo justo, no somos
particularmente co-dependientes ni neuróticas y
estamos HARTAS de nuestros jefes y ni hartas de
vino se nos ocurriría enviarles e-mails subiditos
de tono sobre la largura de nuestras faldas. Y
conste que tengo muchísimas amigas ( hasta el
punto de que mi madre dice que debería
reciclarme y hacerme vendedora de Tupperware,
que me forraba), y que trabajo en un campo en el
que me toca conocer a montones de mujeres, así
que creo que dispongo de un trabajo de campo
amplio como para poder establecer una
estadística más o menos fiable. Me pregunto yo
entonces a qué vine esa insistencia sistemática
en presentarnos como retratos de mujeres
contemporáneas a muchachitas histéricas,
inmaduras y vagas ¿Se trata de un retrato de la
realidad o mas bien de la proyección de las
fantasías de quienes aún desean a mujeres así? Y
me dirán que El diario de Bridget Jones lo
escribió una mujer y lo compran otras. Puede.
Pero por cada mujer de entre veinte a treinta
años que compro el susodicho libro existen 25
que no lo hemos comprado ¿ basta con saber un
poco de números, y extraer de la cifra de
población femenina 20=30 en España la cifra de
ventas del libro, de nada, es lo que tiene haber
trabajado haciendo estudios de mercado?
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