Illy Nes
Entrevista a Lucia Etxebarria

- ¿Crees que venden más las escritoras que los escritores?


Esto se lo tendrías que preguntar a un librero o hacer un estudio. Lo que sí es verdad es que hay muchas menos escritoras publicadas que escritores.
Somos el 56% de la población. Y menos del 25% de los libros publicados están escritos por mujeres.


- ¿Existe una literatura femenina?

La mayoría de nosotros tenemos de encontrar en la ficción un espejo en el que reconocernos, y cómo, impulsados por ella, nos acercamos a los libros, a las películas, a los poemas o a las canciones con la esperanza de ver reflejada nuestras experiencias específicas y encontrar modelos a partir de los cuales afirmarnos en nuestra identidad. Aspiramos a reconocer nuestras experiencias transfiguradas o sublimadas por el crisol de la literatura y no siempre las encontramos.
Hombres y mujeres vivimos experiencias en parte idénticas y en parte distintas, y nuestra visión del mundo, desgraciadamente, está condicionada a ser diferente en función de nuestro género.
 

Vivimos en una sociedad creada por hombres, que conoce una  estratificación del poder político y religioso, que nos asigna el papel de inferiores.
Las mujeres en general y las escritoras en particular hemos aprendido a ver el mundo a partir del imaginario en el que hemos crecido, un imaginario que ya no nos sirve. La literatura femenina, en general, amalgama un mismo punto de vista expresado desde diferentes voces, la perspectiva que emana de nuestra propia naturaleza de mujeres. Tenemos nuestro propio estilo y ámbito de creación, porque la creación es inherente a lo que el escritor o la escritora vive.
Desde el momento en que no existe la igualdad política, ni jurídica, ni educativa, ni social ente hombres y mujeres, nuestras vivencias de socialización, de relación, de búsqueda de nuestro lugar en el mundo, difieren en muchos aspectos. (Por no hablar de las diferencias de vivencias puramente corporales... no creo que un hombre pueda siquiera imaginar qué es un embarazo). En consecuencia la visión del mundo de hombres y mujeres presenta rasgos diferentes, hecho que deja huella en su respectiva aportación a la literatura.
No son las experiencias propias de nuestro sexo las únicas que buscamos  en el espejo de la ficción. También buscamos otras, propias de nuestra  generación, nuestra geografía o nuestra cultura. En la lectura y en la escritura hay muchos ingredientes que configuran a un ser humano: el lugar donde se ha nacido, la generación en la que se enmarque, los escritores que ha leído y, sobre todo los que ha amado. Pero qué duda cabe que las experiencias que un autor tiene y las que le están vedadas condicionan también la elección de los temas que busque en los libros y los temas sobre los que escriba. Y con esto no quiero decir que un escritor hombre no pueda, por supuesto, crear excelentes personajes femeninos, y viceversa, pero no podemos olvidar que es muy diferente escribir desde la experiencia que desde la documentación o la fantasía.

Como escritoras las mujeres siempre han tenido una historia propia y la siguen haciendo, porque el arte de creación nunca es puramente individual, sino que se integra inevitablemente dentro de una tradición y responde a una serie de condicionantes sociales y culturales del autor.

Yo creo en el poder de la palabra escrita y también en la política de lo escrito. Hasta hace muy poco la experiencia de la mujer, de la mujer como paria en un sistema patriarcal se ha mantenido invisible en el arte. Nuestras vidas - ocultas aunque omnipresentes, por el hecho mismo de mantenerse escondidas- han servido a propósitos políticos. Nuestro silencio reafirmaba otras causas: las antiabortistas, por ejemplo. Hasta que las mujeres no comenzaron a hablar por sí mismas, no se supo de verdad lo que pensaban las mujeres.

A la tradición literaria de mujeres le corresponde una subversión tan literaria como política. La definitiva subversión del sujeto lírico y literario clásico femenino, la función de dar voz a un sujeto que siempre fue objeto literario y al que sólo se le concedió cabida en los extremos del eje bipolar bondad-maldad, asignándonos el papel de musas, madres y amadas, o el de putas, adúlteras o locas. Una mujer que no sometiera su sexualidad a los imperativos de la sociedad patriarcal acababa mereciendo en los libros un final trágico. Baste recordar a los tres modelos femeninos literarios par excelente del siglo XIX: Madame Bovary, Ana Karenina y Anita Ozores .

No resulta descabellado pues hablar de literatura femenina, al referirnos a textos con rasgos específicos que permiten a las mujeres reconocerse a sí mismas. Entre estos rasgos específicos podríamos citar un lenguaje más reflexivo, más matizado y sensual, un tono intimista, un mayor uso de la primera persona y la autobiografía, una insistencia en la exploración de sentimientos, una constante presencia de lo cotidiano y lo concreto, una abundancia de imágenes recurrentes como el agua y la habitación cerrada, una ampliación de los motivos y los personajes ... Y una forma distinta de tratar las experiencias eróticas.

El sexo del autor (como su religión, su raza o su opción sexual) condiciona sus escritos, porque la literatura a la postre no es sino un modo de universalizar la experiencia, de convertirla en trascendente. Este rasgo se percibe muy claramente en las diferentes maneras en que hombres y mujeres abordan las escenas eróticas.

Ellos son más visuales y descriptivos, ellas más sensuales y plásticas; porque los hombres cuentan lo que ven y las mujeres lo que sienten, y así nos encontramos con descripciones masculinas de falos enormes, senos erguidos e inacabables torrentes de semen, y narraciones femeninas de hormigueos que ascienden por la columna, contracciones que disparan el vientre o habitaciones que se disuelven por obra y gracia del placer compartido. Las mujeres tendemos más a la utilización de un erotismo poético cargado de imágenes, entendiendo la imagen no como un simple ornato sino como un modo de conocimiento, de explorar vinculaciones desconocidas entre términos que en general no suelen asociarse, de atreverse a ir más allá de lo evidente. Durante siglos cada palabra escrita por una mujer ha arrastrado una pesada bola de apariencias; y cuando por fin nos hemos decidido a serrar las cadenas que lastraban nuestros tobillos hemos aportado al imaginario erótico una forma completamente nueva de entender el sexo, desde dentro hacia fuera, y no al contrario.

Hablando de personajes la literatura masculina había creado tres prototipos básicos: mujer abandonada, mujer diabólica, mujer rechazada. La femenina crea un nuevo tipo de mujer: ni bella ni rica ni elegante pero tampoco una amazona ni una prostituta ni una arpía. En cuanto a la ampliación de motivos, la literatura femenina explora las relaciones entre mujeres como nunca antes se había hecho, dando lugar a diferentes temas algunos de los cuales, como bien apuntaba Laura Freixas, no existían previamente en literatura, o al menos no habían sido incluidos en la lista de los 10 temas universales de la literatura recopilados por Jean Genet: la relación madre-hija o entre hermanas, o la ambigua relación amor-odio/cooperación-competencia que se establece entre amigas íntimas, en especial en la adolescencia.

Hay que aclarar también que esta interpretación no pretende ser exclusiva. Una obra literaria se puede estudiar desde muy diferentes perspectivas, y cada uno se acerca a la literatura desde el camino que prefiere. Uno puede estudiar a Djuna Barnes como miembro de la Lost Generation, del grupo de mujeres de la Rive Gauche, de la tradición literaria femenina norteamericana o incluso como un hito de la literatura gay contemporánea, y no dejará de ser la misma Djuna Barnes, situada en un eje de coordenadas en el que confluyen, como en toda obra literaria, diferentes herencias y tradiciones.
De la misma forma que Marcel Proust no podría definirse exclusivamente como un autor judío ni francés, ni homosexual, ni introspectivo, sino como una suma de todas estas calidades y de muchas otras. Cada cual se puede acercar a Djuna Barnes o a Marcel Proust y obtener una diferente enseñanza de sus obras, porque la obra literaria nunca está cerrada, permanece siempre abierta a la interpretación del lector y susceptible de adquirir los más diversos significados.

De manera que hablar de tradición femenina no implica, como muchos creen, encerrar a nuestras obras en un guetto, sino proponer un itinerario a través de la selva de las obras literarias para aquellas en busca de su propia identidad, de unos modelos en los que reconocerse y unas experiencias que compartir.

Una vez se ha admitido que la literatura femenina existe cómo género, y como género que puede interactuar con tantos otros, cabe preguntarse por qué la literatura de mujeres no puede estudiarse, según algunos, con la misma ecuanimidad con la que se estudia la literatura. judía, la afro americana, la del exilio, o la homosexual. La respuesta estriba probablemente en el desprecio atávico hacia todo lo femenino que arrastra nuestra cultura.

La crítica literaria tiende a borrar la identidad de las autoras y a minimizar su papel en las generaciones o movimientos literarios en los que se integraron. De existir dos autores de igual importancia o calidad literaria, la crítica beneficiará siempre al varón, al que canonizará como adalid de su grupo literario.

Por no hablar de los prejuicios inherentes a cualquier interpretación sobre una obra femenina, que insisten en adjudicar unas concepciones obsoletas a las autoras: En biografías, comentarios críticos, y prólogos de obras una puede encontrarse con lindezas tales como que Jane Austen vivió su existencia sumida en una tranquila frustración, que Emily Dickinson se encerró a escribir porque era fea, o que Cristina Rosetti renunció a dos propuestas matrimoniales porque tenía terror al sexo. Las escritoras célibes han sido siempre calificadas de frustradas o amargadas, olvidando , por lo visto, que hasta mediados del siglo XX una mujer casada debía renunciar a toda independencia económica y moral en favor de su marido ( una situación que describió muy bien Colette en su novela Claudine s'en va) y que lógicamente, cualquier fémina que decidiese dedicar su vida a la creación se lo pensaría mucho antes de aceptar una propuesta de matrimonio.

En el caso contrario, es decir, si la escritora había decidido llevar una vida sexual más o menos libre, se nos la presentará casi siempre como a una persona terriblemente infeliz y amargada, como es el caso de Jane Bowles, Djuna Barnes, o Jean Rhys, o se habrán hecho desaparecer las pruebas de su felicidad, como sucedió con las cartas que la Condesa de Pardo Bazán escribió a Benito Pérez Galdós y que la entonces señora de Franco tuvo a bien quemar, por indecentes, en una hoguera preparada a tal efecto en el Pazo de Meirás. (Las de él se salvaron).

( Los párrafos anteriores se hacen extensivos para a la tradición femenina en cualquier campo artístico: pintoras, escultoras y músicas han sido sistemáticamente borradas de la historia y denostadas) Esta corriente de prejuicios ha contribuido a crear la idea generalizada de literatura femenina como equivalente de subliteratura: "literatura obvia y cornucopística... para señoras desocupadas de mediana edad y fortuna media... " en palabras del muy prestigioso (en sus círculos) crítico Massoliver Ródenas. Una especie de versión culta de los culebrones venezolanos y las novelas rosas de Corín Tellado, vamos. Es divertido comprobar las numerosas veces en las que un escritor que quiere cuestionar la calidad de otro dice del primero que "escribe para señoras". Teniendo en cuenta que en este país la mayoría de los compradores de ficción son mujeres, los denostadores deberían detenerse a reflexionar sobre el hecho casi inevitable de que quienes les leen a ellos serán en su mayoría mujeres, y por tanto, todos los narradores de éxito de este país escriben -quieran o no- "para señoras". Ya ven.

Si bien es cierto que ahora publican más mujeres que hace años, también lo es que siguen publicando menos que los hombres. Aproximadamente sólo un 20% de los títulos publicados al años en España son femeninos. La situación no cambia al hablar de literatura joven, como lo prueba el volumen de cuentos "Páginas amarillas" ,que pretende recopilar relatos de todos los autores menores de 35 años publicados en España: en él figuran 7 autoras frente a 31 autores. Ni para la poesía: La inclusión de poetisas en toda antología es puramente testimonial ¿qué hubiese sido de las últimas antologías si el porcentaje hubiera sido inverso? (es decir, 22 mujeres y un hombre o 20 mujeres y cuatro hombres). Por no hablar de los congresos. Precisamente ahora acabo de venir de Oviedo, donde la proporción de participantes era de ocho contra dos, a favor de ellos. Y la crítica literaria: Los críticos "estrella" de todos y cada uno de los suplementos culturales de este país son hombres. (Por cierto: El ínclito Ignacio Echevarría, haciendo un repaso del panorama literario español ante el nuevo milenio no citó a una sola autora. Ni una. Sin comentarios).

-¿Qué cualidad valoras más de las personas?

La honestidad y la energía positiva.

- En diferentes ocasiones te has manifestado en cuanto a la discriminación que sufre la mujer en diferentes aspectos, laborales, sociales etc. ¿Qué medidas consideras básicas para paliar la oleada de mujeres maltratadas e incluso asesinadas que vivimos en la actualidad?

Recientemente un estudio universitario realizado en la Universidad de Comillas concluía , a partir de una batería de entrevistas y encuestas, que
los hombres tienen más autoestima que las mujeres. Otro estudio de Harvard sobre la diferencia de atención de los maestros a niños y niñas demostró que los niños recibían siempre mayor atención, incluso cuando el tutor aseguraba estar comprometido conscientemente en evitar la diferencia de género. Solo al ver los videos realizados en sus clases repararon muchos en que frecuentemente, e inconscientemente, favorecían a los varones. Si los mismos profesores progresistas refuerzan sin quererlo la idea de la sociedad acerca de la superioridad masculina, porque la han interiorizado y la reproducen de forma inconsciente, imaginad que no harán los legionarios de Cristo, los directores de periódicos de derechas, o los programadores televisivos ¡ No es una sorpresa que las mujeres nonos valoremos ! Cuando yo era joven el eufemismo " el problema femenino" se refería a la menstruación. A día de hoy la autoestima, o más bien la falta de ella, se ha convertido en el problema femenino por antonomasia.

Muchas de nosotras tenemos que mirar hacia fuera para conseguir nuestra autoestima y esperamos de los demás que nos valoren para poder así valorarnos a nosotras mismas, lo que , inevitablemente, nos deja con un regusto amargo de sentirnos utilizadas e invadidas. Y permitimos esta invasión por miedo y por culpa: miedo al rechazo, a no gustar, a no estar a la altura de las expectativas del otro, y culpa cuando no se está. Porque tememos el rechazo de los demás permitimos que violen nuestros espacios y fronteras emocionales El caso es que no podemos sobrevivir emocionalmente si insistimos en gustarle a todo el mundo y a poner a los demás por encima de nosotras mismas.

Es decir, que creo que mientras no eduquemos a nuestros hijos y hijas en la igualdad problemas como el maltrato, la discriminación salarial, la laboral, las redes mafiosas de prostitución y esclavismo etc. etc no se solucionarán jamás.


- ¿Qué opinas sobre que Myrian Tey dirija el instituto de la mujer y que Ana Botella sea concejala de asuntos sociales?

Por mí Myriam Tey podría publicar el libro que quisiera si fuera una editora más, pero si está dirigiendo el Instituto de la Mujer no puede publicar en privado un libro contrario a lo que defiende en público. Es como si el Presidente del Atleti se fuera al palco del Real Madrid. Creo que habría debido dimitir.
En cuanto a lo de Ana Botella, creo que es más que sabido que no soy votante ni simpatizante del PP.

- Nunca entenderé por qué la crítica de nuestro país se ceba de forma negativa con tu trabajo mientras que fuera de nuestro país eres considerada una de las mejores escritoras del momento. ¿Puedes explicármelo?

Preguntáte por qué Almodovar vivió idéntica situación hasta que le nominaron al Oscar. Ahora la gente no lo recuerda, pero mientras en Francia era el nuevo Fassbinder, en España nunca había recibido un Goya y la crítica lo ponía a caer de un burro.


- No cabe duda que Lucia Etxebarria es una mujer polifacética: has escrito novelas, cuentos, poesía, ensayo e incluso guión cinematográfico. ¿Con qué género te sientes más cómoda a la hora de escribir?

Me siento cómoda en todos excepto en el guión, porque el resultado del guión no depende de mí., sino del director, el actor, el montador, etc, etc... Y muchas veces lo que finalmente aparece en pantalla no tiene mucho o nada que ver con lo que yo escribí.


- En tu trabajo a menudo se refleja la homosexualidad femenina. ¿Qué opinas del outing forzoso, algo muy habitual en los últimos tiempos?

Creo que el outing solo está justificado en el caso de políticos cuyo partido esté en contra de los intereses homosexuales, pues entonces se demostraría que no se trata de un político integro sino de alguien dispuesto a traicionar sus propios instintos, intereses o ideario a cambio de poder.

Pero para otras profesiones, soy contraria. Si un heterosexual puede reclamar el derecho a que nunca se hable de su pareja ( y por eso nunca has visto en la tele al novio de Emma Suárez o a el de Aitana, porque los medios las respetan), lo mismo puede reclamar un homosexual. La vida privada de cada uno se tiene que respetar en tanto no interfiera con la pública.

- Recuerdo una frase tuya muy clara y contundente " Los hombres escriben lo que ven y las mujeres lo que sienten" ¿Qué siente Lucia Etxebarria cuando escribe, en que se inspira?

La realidad siempre supera a la ficción así que me basta con echar un vistazo a mi alrededor.

- ¿ Por qué en sus novelas la relación de pareja siempre se contempla desde un punto de vista tan escéptico?

En mi entorno conozco a muchas mas compromisofóbicas que compromisofobicos. Por cada soltera que afirma que no quiere casarse de ninguna manera y que está feliz como está conozco a cinco hombres lamentándose de su soledad. Al fin y al cabo , la mayoría de las mujeres de mi generación hemos crecido criadas por una madre que no trabajaba fuera de casa, y en muchos casos esta situación no se debía a una elección voluntaria de nuestra progenitora, sino a la imposición de un padre que no la dejó estudiar o un marido que consideraba un deshonor que su (subrayo el posesivo) señora trabajara. Muchas hemos escuchado a nuestra madre lamentarse del error que cometió y asegurar que el matrimonio y la maternidad la habían anulado, que no la habían permitido conservar el menor espacio- literal o figurado- para sí misma. Para colmo, nuestras madres no podían concebir siquiera una relación igualitaria con un hombre - nadie les había siquiera insinuado tal posibilidad - con lo cual tendían, consciente o inconscientemente, a culpar a nuestro padre o al suyo de todos sus problemas, y a presentarnos un retrato del hombre como ser insensible incapaz de considerar a la mujer como poca cosa más que una esclava. Así las cosas, ¿a alguien le sorprende hora que entre la élite de mujeres trabajadoras y autosuficientes tantas conciban al matrimonio como una cárcel, un prisión o una tortura y ascienda espectacularmente en este micromundo la proporción de solteras, divorciadas o madres solas?.

Hablo de micromundo porque lo cierto es que la tasa de empleo femenino en el primer mundo es muy baja, no llega al 33%. Y de ese 33% la mayoría de las mujeres ocupan el subempleo, trabajos alienantes y mal remunerados, concebidos (por el patrón) y aceptados (por la trabajadora-esclava) solo para obtener un sueldo complementario al que el hombre aporta a la unidad familiar. Pero algunas mujeres se automantienen, las habitantes de ese micromundo al que supuestamente pertenecen Ally Mac Beal o Bridget Jones.

Ally Mac Beal es una abogada a la que nunca hemos visto preparar un juicio, buscar jurispurudencia, consultar archivos, .. a la que nunca le fijan una vista seis meses después de presentar la demanda, ni tiene que embarcarse en interminables juicios de tres o cuatro años remontando los meandros laberínticos del sistema jurídico. O sea Ally Mac beal es una abogada que no existe. En primer lugar no existe porque un personaje como ella no tiene cabida en el mundo real. Y a poco que siga adelgazando, tampoco lo tendrá en el mundo catódico, porque cualquier día de estos desaparecerá, se desvanecerá en el éter, y solo nos quedara su vocecita de pito, Ally reducida a una voz en off. En general una abogada de menos de 30 años o bien está trabajando como una negra doce horas diarias , casi siempre a cambio de un sueldo ínfimo, o bien está en el paro. Desde luego lo que no se pasa es el día en el despacho flirteando con el jefe, cotilleando con un water parlante o suspirando por un ansiado novio que nunca llega.. Por lo demás, cualquier mujer de treinta años no tiene el cuerpo de Ally Mac Beal a no ser que sea anoréxica.


- ¿Te molesta que fuera de España se te compare a menudo con Helen Fielding?

Un poco. porque no me creo nada a Bridget Jones. Diosa de mi vida... para qué hablar... Yo he trabajado en el mundo editorial, precisamente desempeñando el mismo puesto que supuestamente desempeña la boba esa y puedo asegurar que a) se trabaja mucho más, b) te explotan de tal manera que de verdad no tienes la cabeza como para ocuparla en tonterías tales como preocuparte por el tal novio que no llega ( más bien debes preocuparte por esquivar a sobones varios, de los que abundan en el medio) y c) los jefes suelen ser unos señores con barba, barriga, canas, gafas, y problemas con la hipoteca nada que ver con el pijo ése megaforrado y supersexy que es el jefe de la tal Bridget.

Resumiendo, quede claro que ni mis amigas ni yo estamos obsesionadas con pillar novio ( aunque conozco a varias obsesionadas con como lograr que el que tienen encuentre por fin apartamento propio y se vaya de casa), ni con nuestros kilos, y conste que todas tenemos celulitis y cartucheras ( como cualquier mujer mayor de 25, por otra parte), pero no nos pasamos el día contando calorías para eliminarlos, más que nada porque no tenemos tiempo como para perderlo en memeces tales. Ninguna libros libros de autoayuda, tenemos una vida sexual más o menos apañada ( vale, no es la de Rocco Siffredi, precisamente, pero tampoco nosotras tenemos las hormonas de Rocco), bebemos lo justo, nos drogamos también lo justo, no somos particularmente co-dependientes ni neuróticas y estamos HARTAS de nuestros jefes y ni hartas de vino se nos ocurriría enviarles e-mails subiditos de tono sobre la largura de nuestras faldas. Y conste que tengo muchísimas amigas ( hasta el punto de que mi madre dice que debería reciclarme y hacerme vendedora de Tupperware, que me forraba), y que trabajo en un campo en el que me toca conocer a montones de mujeres, así que creo que dispongo de un trabajo de campo amplio como para poder establecer una estadística más o menos fiable. Me pregunto yo entonces a qué vine esa insistencia sistemática en presentarnos como retratos de mujeres contemporáneas a muchachitas histéricas, inmaduras y vagas ¿Se trata de un retrato de la realidad o mas bien de la proyección de las fantasías de quienes aún desean a mujeres así? Y me dirán que El diario de Bridget Jones lo escribió una mujer y lo compran otras. Puede. Pero por cada mujer de entre veinte a treinta años que compro el susodicho libro existen 25 que no lo hemos comprado ¿ basta con saber un poco de números, y extraer de la cifra de población femenina 20=30 en España la cifra de ventas del libro, de nada, es lo que tiene haber trabajado haciendo estudios de mercado?