LOS TRÍOS DE TIOS
NO HAY DOS SIN TRES

Por S.M. Sánchez

Muchos se pasan la vida buscando su media naranja, pero hay quienes opinan; en relación a los cítricos, que dos son mejor que una -¿o esta frase se refería a los plátanos?-. El sexo en grupo y en particular los tríos, gozan de gran popularidad tanto entre la comunidad gay como en la imaginería popular –Los Tres Sudamericanos, Los tres de Castilla, Los tres Caballeros, Los tres mosqueteros, El Bueno, el Feo y el Malo...-. pero pese a ello, la moral judeo-cristiana, que tantos disgustos nos da en el día a día, condena semejantes asociaciones, considerándolas fruto del vicio y la promiscuidad. ¿hemos de creerlo así o volver de nuevo al saber popular que dice que en la variedad está el gusto?

Empezaremos por definirnos un poco ya que al nombre de trío, responden de la misma manera un tipo de lotería popular, un conjunto musical o un grupo de tres personas, sea cual sea su relación y los intereses que de ella se desprendan.

Quienes están particularmente interesados en los vericuetos de sociedades empresariales y mercantiles formadas por un grupo de tres, le recomendamos dejen esta revista para mejor ocasión y dediquen su tiempo a la lectura de cualquier periódico o revista de negocios. Al resto, se ajusten las bifocales para leer bien y prestar atención.

Desde tiempo inmemorial, el trío es una de las fantasías sexuales del hombre, siendo el más deseado entre los hombres heterosexuales, el formado por un varón y dos mujeres (jua, jua, jua) y que no suele ir más allá de la pura fantasía, siendo más factible el formado por dos hombres y una mujer. Este último es particularmente recomendable, dado que juega con la posibilidad de la feliz salida del armario de uno de los dos señores, sino de ambos. Pero dejemos el sexo hetero para la señora Shere Hite y vayamos a las relaciones que nos interesan: las gay.

Tres hombres sin piedad

El trío de tres hombres puede ser afectivo, meramente sexual, o ambas cosas. El primero resulta un tanto utópico y problemático, ya que si sabido es lo difícil que resulta mantener de una manera sana, tranquila y coherente, una relación entre dos personas, imaginaos una relación afectiva a tres bandas: que si hoy te toca a ti hacer la colada, que si dejas las camisas mal planchadas, que si nunca hacemos cosas los tres juntos, que si tu quieres más a Evaristo que a mi... No abogare por la imposibilidad de las mismas, pero me muestro escéptico viendo el panorama (para matar) que nos rodea. Tan solo muy contados casos de personajes famosos del mundo del arte o la literatura (Henry James, Carrington), han mantenido este tipo de relaciones y todas han sido desiguales cuando no han acabado en drama, aplicando asimismo la frase popular (¡que popular que estoy yo esta temporada!) que dice que tres son multitud.

Sea como fuere, es bastante común en el mundo gay, el concepto de pareja abierta. Se trata de una pareja más o menos convencional, que incluso pueden convivir juntos y que aún siendo afectivamente fieles, no descartan el sexo y aventuras con terceros. Entre estas parejas se ha acuñado, en los últimos tiempos, el término amigonovio; un amigo común de la pareja, con derecho a roce por parte de ambos, ya sea de manera individual como en colectiva.

Un trío sexual resulta mucho más sencillo. Para ello solo se necesitan tres hombres y las ganas y consentimiento de los tres para ponerse manos a la obra. Los que se gestan en las saunas suelen ser más rápidos y sencillos de llevar a la práctica que los que se deben al juego de seducción en un bar o fiesta dado a que en estos establecimientos no hay duda alguna sobre las actividades a realizar por sus usuarios (no creáis a quién os asegure, envuelto en escueta toalla, que solo ha entrado a llamar por teléfono). En el segundo caso, siempre se corre el riesgo de perder a uno de los elementos en el difícil trabajo de la seducción a dos bandas (mientras se lanza un lazo, se no puede escapar la otra presa) aunque también es cierto que, cuando se consigue la entente cordiale, resulta mucho más excitante.

Antes de lanzarse a un trío sexual, esta bien comentar levemente las preferencias de cada uno y establecer alguna regla sobre lo que estamos o no dispuesto a hacer, pero sin pasarse. Un exceso de reglas, convertirá el festejo en una especie de visita al notario y un exceso de prejuicios, en una reunión de ursulinas.

Un pacto entre caballeros

Es importante contar con tres individuos versátiles (eso que llamamos redondos) para un perfecto entendimiento. Enfrentarse a frases como mi culo ni tocarlo o métemela hasta el esófago pero nada de besos, que es de maricones; puede cortar considerablemente el rollo. Frente a tales declaraciones, soy de la opinión de vestirse rápidamente y emigrar con rumbo a pastos más verdes.

Si se trata de un trío entre tres desconocidos, ante la ignorancia total de los gustos y costumbres de nuestros partenaires, es recomendable dejarse llevar por el instinto y aplicar la imaginación para adaptar a tres, juegos y posturas que realizamos normalmente entre dos, intentando desterrar el tópico de que en un trío sexual, la función de un tercero es incordiar, o en todo caso, enriquecer desde fuera los actos de los dos primeros. Hay, en este orden, parejas a las que les gusta admitir a terceros con tan solo la narcisista intención de mostrarles en la cama, lo maravillosamente bien que se lo montan, lo guapos que son y lo estético que resulta su hacer sexual, relegando al tercero a un papel de mero observador, con la única posibilidad de masturbarse. Esto solo resultará satisfactorio si este tercero se confiesa como un voyeur vocacional.

Algunas de las posturas que contribuyen a que el sexo a tres bandas sea un éxito:

-La rotonda: sencillísimo; se trata de un 69 más 1, en forma circular.
-Doble placer: el personaje central es penetrado al mismo tiempo que un tercero le practica una felación (¡una mamada, vamos!).
-El grill: popularísima postura en que el pollo es el personaje central, empalado por sus dos orificios.
-El sándwich: muy parecido al anterior, pero en posición horizontal.
-Las lanzadera espacial: el primero penetra al segundo de pié, este penetra al tercero en cuclillas, como a punto de despegar cual cohete.
-El transmisor: mientras dos gozan de un 69, el tercero se entretiene penetrando al que esta encima.
-La doble penetración: yo creo que no necesita comentarios. Tan solo para participantes con amplia facilidad dilatatoria.

Para un mayor disfrute, es recomendable que en todas estas posturas se intercambien los papeles con frecuencia. Ni que decir tiene que hay muchas más posturas, aparte de todas las que la imaginación aporte. Sea como fuere, que nadie, ofuscado por la excitación y el fulgor de la batalla se olvide del sexo seguro (condones y lubricante a granel).

¿Tres son multitud?

Es frecuente el caso en que uno de los participantes solo se sienta atraído por otro de los miembros del trío, pero accede a este para no perder la oportunidad de probar las mieles de su objeto del deseo. El desenlace en este asunto puede ser variado: o bien se adapta con todas las de la ley a la situación, o convierte el encuentro en un fiasco ante el fastidio que le produce la presencia del tercero, estando más pendiente de marginarlo que por el trabajo, o recibe la grata sorpresa de que el admitido, en principio a regañadientes, es la verdadera perla del show.

Del mismo modo podemos encontrarnos con que un miembro del trío está tan generosamente dotado, que hay material para que disfruten a unísono los otros dos componentes, o que dispone de un exceso tan grande de material entre las piernas, que los otros dos, horrorizados, abandonen el campo de juego con excusas tan poco creíbles como el olvido de un soufflé en el horno.

Distinto es el caso en que la sorpresa se debe a la falta de higiene de uno o más de los miembros (tómese la palabra miembro en todos los sentidos). Resulta más que desagradable, por no decir repugnante, el encontrar restos pestilentes de requesón en la grifería y maquillaje en el tercer ojo; ¡se laven, coño! (omitan este párrafo los aficionados a la coprofília y practicas similares).

Igualmente puede darse el caso de que converjan tres activos redomados que no sepan que hacer con su instrumental ante la negativa de todos y cada uno, de ser penetrados; o el de tres pasivos de línea ortodoxa que se limiten a poner el culo en pompa, a la espera de que alguno de los otros dos se decida a actuar. Ante el primer caso, recomiendo limitarse al sexo oral, muy satisfactorio a tres bandas; en el segundo, pasadas tres horas, optar por preparar un buen café, acompañado de tostadas y bollería fina y disfrutar de las delicias de un buen desayuno.

Volviendo al tema de parejas que admiten a terceros, yo me adscribo a la recomendación de la siempre experimentada Samantha Jones, de la serie de culto Sexo en N.Y., que propone ser siempre el invitado, por ser esta la postura menos comprometida, una vez acabado en intercambio de fluidos. No son pocas las parejas que irrumpen en vistosas escenas de celos, ante la supuesta demasiada atención que el cónyuge a dedicado al tercero. Por ello es mucho menos conflictivo el papel de este que rompe con cualquier relación una vez vestido y cerrada la puerta.

Visto lo visto, para un auténtico ménage à trois, sus tres participantes deben poder interrelacionarse cada uno con todos y todos con cada uno plenamente, probando diferentes fórmulas que les permitan gozar a los tres al unísono. Y ya una vez superado este capítulo estaremos preparados para sexo en grupo y orgías multitudinarias (romanas o no), pero eso ya es otra historia.

Para neófitos

-Hacer un trío en cualquier establecimiento de loterías. ¿quién sabe si tocara? Y el sexo, con la cuenta llena de millones siempre es más placentero.
-Cualquier CD o cassette de Los Panchos, Los tres de Castilla, Trio Calaveras... Se encuentran a precio de saldo en grandes superficies y gasolineras, y de todos es sabido que la música amansa las fieras y ameniza los juegos de cama.
-Montárselo en el cuarto oscuro del bar de ambiente de la localidad, con el ferretero y el jefe de negociado de correos, porque no hay nadie más y con la ignorancia (falta comprobación ocular) de que se trata de ellos, no puede ser considerado un trío.
-Tres solteros y un biberón no es un porno gay sobre tíos. No desperdiciemos la cuenta del video-club alquilándola. Si lo son Manily Beach, Jovenes Cadetes, Gaydreams o Medieval Knights.
-Tener como libro de cabecera cualquier manual de sexo de los que saturan el mercado (recomiendo particularmente El Kamasutra Gay de Diego J. Cruz y Sebas Martín, cuyas páginas 76 a 87 están dedicadas a los tríos y al sexo en grupo); porque el saber no ocupa lugar.