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Desde septiembre de 2005, tenemos en el mercado Claro que sí
cómics, la primera revista de cómic hecha por y para el mundo
gay, de periodicidad trimestral. Aprovechando la aparición de su
tercer número nos hemos acercado a Ediciones La Cúpula, sede de
la redacción de la misma, con la intención de que respondan a
una pregunta general: ¿cómo se hace una revista de cómic gay?
Cuadernos, magazines, revistas de cómics de todas partes y todos
los países llenan las mesas y estantes de la redacción de La
Cúpula, histórica editorial del llamado 9º arte que ha dado
frutos de tanta solera como la ya legendaria -y por desgracia
desaparecida- revista El víbora. Las mesas de trabajo más
convencionales comparten espacio con otras donde se rotula y
maqueta frente a pantallas de ordenador. Nada que ver con una de
esas modernas redacciones de aspecto minimalista que se dedican
a revistas de diseño y tendencias. En la redacción de Claro que
sí impera un equilibrado orden dentro del caos.
"Es la manera de trabajar de toda la gente que se dedica al
cómic", nos explica Sebas Martín, redactor jefe de la
revista. "Sólo tenéis que visitar el estudio de cualquier
autor para ver que este desorden ordenado es moneda de cambio
común en todos los que nos dedicamos a esto de las historietas".
Pero ¿a quién se le ocurre la feliz idea de crear una revista
de cómic gay?
La Cúpula ya había sido pionera en este terreno traduciendo y
comercializando las novelas gráficas de Ralf König . A raíz del
éxito de las mismas, hace aproximadamente un año se decidieron a
abrir una nueva línea dedicada primero al yaoi japonés y, acto
seguido, a autores occidentales como Howard Cruse, Robert Kirby,
Alison Bechdel, Paige Braddock, Tom Bouden o Fabrice Neaud.
"Es entones cuando desde la editorial contactan conmigo
proponiéndome publicar un álbum", nos cuenta de nuevo Sebas.
"Me comentan además la idea, acunada durante largo tiempo, de
sacar una revista periódica de cómic gay. Yo me animo con el
proyecto y no dejo de incordiar para que salga adelante, de
manera que cuando comienza a madurar y se plantea la necesidad
de un redactor jefe, me ofrezco como tal".
Pero que la revista llegue a la calle no es coser y cantar.
"Primero hay que hacer muchos, muchísimos números para ver si
será posible semejante sueño", observa Emilio Bernárdez,
encargado de producción. "En principio nos hubiera gustado
tener una periodicidad mensual, pero era preciso ser prudentes,
y probar con una revista trimestral nos pareció lo más sensato".
¿Y los contenidos? Porque llenar 84 páginas no debe de ser
tan sencillo.
"Teníamos que contar con una buena plantilla de
colaboradores", nos aclara Josep Maria Berenguer, editor de
la revista. "Tanto autores como articulistas nos pusimos
manos a la obra". Salen a colación entonces nombres como
David Cantero, que había inundado el mundo de la noche con sus
flyers, Ismael Álvarez, con su color rotundo, Hokane, autor de
estilo cercano al manga, y Toni Saldaña, que se suman a los
autores extranjeros con los que la editorial ya cuenta. "Es
increíble cómo en cada número se ponen en contacto con nosotros
nuevos artistas con una calidad superior a la media, y otros que
se dedican a esto desde siempre pero que no disponían de un
espacio donde publicar su trabajos más personales", dice
Sebas. En cuanto a articulismo, Santi Valdés (autor de libros
como Los cómics gays, El vídeo porno gay y parte de la
monumental Historia de los cómics, editada hace años por Toutain)
pasa repaso a la historia del tebeo gay; Xavi Domenech propone
un paseo por el mundo de las curiosidades más kitsch. Completan
la parte literaria Carlos Mayor y Guillermo Mota, encargados de
las entrevistas, y Miss Celánea, al frente de las
recomendaciones culturales.
"Coordinar a todo este grupo de profesionales es un pequeño
trabajo de locos", nos cuenta el redactor jefe. "Hay quienes
entregan muy puntuales, pero otros se duermen un poquito en los
laureles y hay que darles caña en el último momento para poder
cerrar la revista". Ya se sabe, los artistas... y Claro que
sí cuenta con los mejores del momento, como Joe Phillips
(artista que ha colaborado en series tan prestigiosas como
Spider-man, Hulk o Capitán América) o Glen Hanson (uno de los
dibujantes de Los Picapiedra y Los Supersónicos, aquí con
Chelsea Boys). También están las historietas de estilo
franco-belga de Tom Bouden, las dramáticas historias del francés
Fabrice Neaud, verdadera lección de trazo y narrativa, los
superhéroes imposiblemente dotados de Patric Fillion, las
andanzas de Max & Lily que nos ofrece Kris Dresen, y los cómics
de Robert Kirby. Y por supuesto, no podía faltar el más famoso
autor contemporáneo: Ralf König.
Y por si no supusiera suficiente valentía sacar al mercado una
revista gay de cómics, sus responsables se atreven a arriesgarse
con autores más exóticos, ofreciéndonos el excelente trabajo de
los japoneses Kazuhide Ichikawa y Daigo Tatsumi.
Naturalmente, en la redacción de Claro que sí no olvidan a los
autores de su tierra: "Desde el principio hemos contado con
Saldaña, Cantero y Cuo, Ismael Álvarez y Hokane, cuyo trabajo ya
conocíamos y es excelente", nos explica Sebas. "Por otra
parte, también hemos abierto nuestras páginas a nuevos autores
de incuestionable calidad, como Iván García, David Ramírez o
Javi Biedma".
Tras reunir todo este material y todos estos autores (cosa que
casi produce mareo), hay que organizar el alzado de la revista,
intentando que no quede material en el tintero, rotular y
maquetar la revista, corregir galeradas y dejar la impresión en
manos de profesionales del medio. "Con la revista ya en el
almacén empieza la parte más difícil, porque es un poco la que
se te escapa de las manos", nos explican. "La
distribución es una ciencia inexacta, y aunque tenemos una buena
distribuidora, la lucha porque se te vea en el quiosco es
brutal". Además, según nos cuentan, en algunas librerías y
quioscos son reacios a exponer e incluso a vender un material
tan marcadamente gay. "También nos ha hecho poco caso la
prensa generalista", dicen, "y claro, si la gente no te
conoce, es muy poco probable que te compre". Aun así, en la
redacción no se pierde ni la moral ni la esperanza. "Los
inicios son difíciles, pero no nos imaginábamos que tanto, sobre
todo porque estamos convencidos de ofrecer un producto de
calidad muy superior a la media y, además, único", comenta
Montse, la encargada de los derechos internacionales. Y razón no
le falta a la vista de este tercer numero, que cuenta además con
una entrevista a Álvaro Pombo y un pequeño artículo de Lawrence
Schimel.
Bueno, acabamos la visita constatando algo que ya suponíamos:
crear una revista de cómic, especialmente si se trata de cómic
gay, no es labor sencilla. En honor a la verdad, la cantidad de
trabajo, autores en juego, colaboradores y pasos hasta llegar a
la calle ha superado nuestras expectativas. Ahora nos toca a
todos dirigirnos al quiosco o librería para disfrutar de este
trabajo bien hecho.
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