Quién no ha soñado con encontrar alguien con quien ir juntos hacia algo, una lejanía, una tentación, un punto donde se vislumbra una vida menos mediocre, menos gris. La búsqueda de una pareja que nos agite, nos movilice, nos motive, nos excite, nos haga sentir, nos invite a mejorar.

Son muchas las parejas que no llegan a estar seguras de sus sentimientos hasta que se les presenta el momento de convivir en pareja. La realidad es que en el día a día es cuando se demuestra si una pareja se ama y respeta realmente. Las rutinas diarias repetidas incansablemente, ponen a prueba el respeto y tolerancia de cada uno de los componentes de la pareja y para la mayoría son motivo de discusión y malestar continuo.

Para superar los posibles problemas de convivencia hay que tener en cuenta una serie de factores que a menudo pasamos por alto:

Empecemos desterrando el mito de la “media naranja” o de “la persona de mi vida”. Ni existe la pareja que se complemente a la perfección ni es la única persona que puede “complementarte”. Aunque es preferible que haya grandes dosis de afinidad, siempre habrá diferencias que no deberían preocuparnos. La variedad es sinónimo de diversidad; abramos nuestras mentes y seamos tolerantes.

Aceptando las diferencias y aprendiendo a convivir con ellas, estamos acertando de pleno. Estamos delante de la clave de la convivencia, ideal para establecer nuestra propia política de pactos, pequeños acuerdos caseros que nos evitarán muchos conflictos cotidianos. La aproximación a una postura que beneficie a ambos, se realizará mediante la pequeña cesión de terreno, por cada uno de los miembros de la pareja.

– Para la buena marcha de cualquier relación, es necesario que cada miembro de la pareja, pueda disponer de tiempo y espacio propio. Al margen del espacio común y el tiempo que se comparte con la pareja, cada individuo debe poder ejercer en solitario, una afición, una actividad, un sueño. Lo importante aquí, es que debe permitir desarrollarse como individuo.

– Por último, es importante cuidar al otro, respetarlo y sobre todo demostrarle nuestro amor a diario, solucionando los problemas en cuanto surjan.

Dicen que la actitud positiva ante la vida sirve para alcanzar la propia felicidad, así sucede también en la vida en pareja. Si nuestra autoestima es equilibrada, obtendremos de forma automática maravillosos beneficios en nuestra vida conjunta. Alcanzar la máxima satisfacción sexual y amorosa, es posible con cierta ayuda. Algunos consejos para pensar en ellos serían:

Lanzarse a vivir el amor sin ideas preconcebidas, sin limitarnos a catalogar o etiquetar a la persona que tenemos cerca. Valorar al ser humano que somos y al que tenemos a nuestro lado como único e irrepetible.

– Por supuesto, dejar atrás los traumas del pasado causados por antiguas relaciones, ya que provocan temores e inseguridades que no es necesario sufrir. Tenemos que recordar que estamos ante una nueva persona, un ser humano distinto con una historia vivida diferente, con diferentes vivencias, educado por la vida de una manera impar.

Toca disfrutar…. toca DISFRUTAR, esto deberíamos repetirlo incansablemente, en lugar de darle a nuestro cerebro desgastadas frases desfavorables que no tienen ninguna base y que nos limitan. Repite: “TOCA DISFRUTAR

Las críticas si no se utilizan para mejorar, sólo sirven para crear frustraciones y son negativas en la vida. Ver las virtudes del otro es como ver el vaso lleno, una actitud positiva. No se trata de hacer caso omiso a los problemas o defectos es tratar de valorar en su justa medida lo malo y enfatizar en todo lo bueno de esa persona que comparte nuestra vida.

El uso de ver el vaso lleno es una actitud que sirve para alcanzar la felicidad y para mejorar la vida en pareja. Los beneficios de disfrutar de una autoestima equilibrada, rebota en todos los aspectos de nuestra vida incluso, en nuestra relación de pareja. Que lo que leas a continuación te sirvan para ir pensando en ello:

Tan importante es la autoestima propia como la de nuestra pareja. No des las cosas por sentado: halaga, sinceramente. Los halagos es acariciar con palabras y a todos nos eleva la autoestima. Estás delante de un ser especial, elegido para compartir tu vida, no dejes pasar ninguna ocasión para recordarle lo especial que es como persona. El valorar al otro provocará una corriente a dos bandas, una corriente de admiración mutua que invadirá la relación de pareja.

– No hacer nada no tiene ninguna consecuencia. Adopta una actitud activa si quieres mejorar algunos aspectos de tu relación. Esto evitará caer en la tan temida rutina y en un círculo de inapetencia o carencias afectivas.

– ¿Has probado a ser más afectuoso? a veces olvidamos el uso de los mimos y las caricias y no tan sólo a nivel físico. Las palabras son más fuertes de lo que pensamos, utilízalas para crecer y alimentar el amor de las personas que te rodean. Es un poder al alcance de todos.

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