No a todos nos gusta veranear de la misma forma: hay quien prefiere moverse mucho y quien prefiere pasar dos semanas en el mismo lugar. ¿Qué dicen de nosotros nuestras costumbres veraniegas?

 

Pleno verano, estamos en un círculo más o menos abierto con conocidos, compañeros de trabajo, etc. Y comenzamos a hablar sobre lo que vamos a hacer cada uno, o ya hemos hecho. Todos tenemos algún plan, desde el que tiene como objetivo quedarse en la ciudad y asistir a todas las fiestas veraniegas o el que opta para tomar un avión y marcharse o bien a algún destino playero o bien a conocer algún destino con un sello más cultural. Como es evidente, éstas no son más que meras generalizaciones y nadie tiene por qué cumplir con determinados tópicos o estigmas. Sin embargo, nuestras decisiones respecto a este periodo parecen demostrar bastante más sobre nuestra personalidad de lo que creemos. Seguro que esta conversación no nos resulta desconocida a muchos y, posiblemente, muchos hayamos hecho un retrato robot de los dos perfiles de veraneante aquí citados y podamos asociarlos a algún rostro conocido. Lo cierto es que, de una u otra forma, siempre han existido tópicos respecto a los diferentes modelos de veraneo.

Playa o montaña, no siempre es igual

La elección de determinados destinos guarda relación con la personalidad de cada persona, no con algunos convencionalismos sociales establecidos. Concretamente, hay hipótesis de que la gente elige su entorno con el fin de que se vean satisfechos sus deseos y necesidades individuales. La premisa parece válida, puesto que lo más normal es que alguien extrovertido se acerque a círculos que le permitan socializar y llamar la atención, mientras que una persona introvertida busque un ambiente más calmado. Pero, ¿qué influye en el destino de nuestras vacaciones?

Los más extrovertidos preferirán playa, al contrario que los tímidos, que se decantan por el monte. Algunos sociólogos sostienen que la montaña es un lugar que ofrece más calma y sensación de aislamiento, mientras que la playa está relacionada con un ambiente más ruidoso y ajetreado. Por lo que entienden que el azul del mar será buscado por personas abiertas y el verde de la montaña por gente más tímida. Para poder cuantificar de alguna manera una idea tan general, se solicitó a 1000 voluntarios que completaran un cuestionario con el que pudieran ver algunos rasgos importantes de su personalidad, para posteriormente preguntarles qué tipo de vacaciones prefieren. Los resultados no devolvieron ninguna diferencia significativa respecto a la edad, género o rasgo de personalidad, salvo en el nivel de timidez, ya que tal y como habían planteado, los más extrovertidos preferían playa, al contrario que los tímidos, que se decantaban por el monte.

¿Por qué elegimos cada destino?

Esta no fue la única prueba, ya que un grupo más pequeño de voluntarios también visionó diferentes imágenes de ambientes marinos o montañosos, con el mismo resultado: el nivel de sociabilidad influía, aunque apareció una nueva correlación, puesto que las personas con un nivel socioeconómico más elevado también preferían la playa como destino vacacional. Aunque, quizá un tanto general, el estudio valida la hipótesis planteada, pero ¿cuáles son las razones por las que elegimos uno u otro destino?

Los sujetos del estudio volvieron a responder, nuevamente, otro cuestionario en el que se les pedía que contestaran donde irían a divertirse y dónde acudirían si tuvieran el objetivo de buscar la calma. Las respuestas fueron claras: playa en la primera cuestión y montaña en la segunda. Por tanto, tras esta tercera parte del estudio ya se puede encontrar una correlación más completa que vendría a decir que las personas más tranquilas buscan un entorno más calmado en su tiempo de descanso y consideran que la montaña es el ambiente ideal, mientras que las personas más abiertas buscan un ambiente más abierto y éste lo relacionan con la costa.

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

La duda que a los investigadores les surgió, a partir de la investigación, es si las personas introvertidas simplemente son más felices en las zonas montañosas o, además, este entorno favorece que aparezcan estos rasgos de la personalidad. Llegado este punto compararon los resultados de los cuestionarios filtrando los datos según los diferentes Comunidades Autónomas. Los datos que obtuvieron también guardaron correlación, puesto que, en aquellos territorios con una demografía más elevada y relieve montañoso, los sujetos del estudio eran más introvertidos. Aquellos que se encontraban en un entorno similar a su personalidad se encontraban más felices que los que no. Por tanto, si eres una persona, quizá, demasiado introvertida, de poco o nada te va a servir buscar un ambiente más abierto o irte de playa de vacaciones para abrirte más a la gente, puesto que no todos los destinos vacacionales son playa o montaña.

 

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