Cualquier lugar es bueno para hacer el amor… Dicen

 Cualquier lugar es bueno para hacer el amor… Dicen
Comparte este contenido rápidamente en:

Convencionalmente, cuando queremos tener relaciones íntimas con alguien, nuestra propuesta es “¿nos vamos a la cama?” O “¿en tu casa o en la mía?”. 

pero muchas veces esto no es posible, ya sea porque no estamos solos en casa, no disponemos de cama propia o, simplemente, no nos apetece ser tan convencionales y optamos por poner un toque de color a nuestros revolcones. Cambiar el escenario puede ser sumamente excitante, tanto si lo hacemos con nuestra pareja fija como con una ocasional. 

y aunque en principio, algunas de estas propuestas pueden parecer algo incómodas, una vez puestos en materia comprobaremos que el morbo que provoca el exotismo y la aventura, suple con creces la elasticidad del colchón y la suavidad de las sábanas.

LOS BAÑOS PÚBLICOS, UN CLÁSICO

No estamos descubriendo nada nuevo, ya lo sabemos; pero no se trata de ligar en el urinario de pared, lanzando miradas furtivas, a la vez que interesadas al desconocido usuario del sanitario de al lado. Es seguir este ritual con nuestra propia pareja.

Publicidad

Representar una pequeña comedia, tan antigua como el mundo, que a ojos de los demás, puede parecer un encuentro fortuito entre dos desconocidos, ante la premura de un calentón.

Imprescindible que haya testigos. El mantener sexo en una de las cabinas cerradas, a sabiendas que en el exterior, el resto de usuarios está más pendiente de nuestros jadeos que de sus necesidades biológicas, aumenta considerablemente el grado de excitación.

EL COCHE

Seguimos con los clásicos. Aunque la mayoría de las veces, su utilización obedece a la necesidad, puede ser una opción y una buena ocasión de recordar nuestros 18 años y el coche de papá, volviendo a sentirse adolescente.

Y aunque ya sabemos que es muy difícil hacer el amor en un SIMCA 1000 y en cualquier otro vehículo, las estrecheces y diseño del auto pondrán a prueba nuestro ingenio y elasticidad, ganando puntos ante nuestro partenaire. No es recomendable sustituir el coche por una moto y mucho menos por un ciclomotor.

EL APARCAMIENTO DEL CINE, EL AEROPUERTO, EL CENTRO COMERCIAL, LA DISCO…

Aquí no es imprescindible el coche, pero si no lo tenemos ¿qué narices hacemos allí? Pues eso, buscar un lugar tranquilo y alternativo donde dar rienda suelta a nuestra pasión.

Los menos originales son los de las discotecas, ya que la mayoría de usuarios los utilizan como picadero, por lo que casi hay que pedir el turno o la vez, como en la carnicería. Otros muy concurridos son los de las áreas de servicio, donde se puede tener una historia de pasión e intercambio de fluidos con algún camionero, sin demasiada dificultad.

Los de los hipermercados y centros comerciales en general, requieren pareja propia y tienen el morbo de que nos pueden descubrir con las manos en la masa en cualquier momento, lo que intensifica la excitación.

LA TERRAZA

Preferiblemente la de un hotel, pero si somos lo suficientemente descarados, también puede ser la nuestra (o la de nuestra pareja, si es ocasional. Total, no la vamos a volver a ver). En verano resulta ideal. La brisa del atardecer… Mejor si está junto al mar o a la sierra. El morbo de ser espiados por los vecinos de las terrazas contiguas…

Publicidad

Echar de tanto en tanto un ojo para ver las caras, ya sea de escándalo, envidia o deseo, semiescondidas tras los visillos, es un valor erógeno añadido. No se recomienda ponerlo en práctica si nos alojamos en una república islámica o en el barrio ultraortodoxo de Jerusalén.

EN LA PLAYA

Es innegable que el sol y el olor a mar, aumentan la excitación. La fantasía de montárselo en una playa desierta, ha pasado por la cabeza de todos en un momento u otro pero…¡es tan difícil encontrar una playa que no esté abarrotada hasta la bandera! Recomendamos una playa, algo apartada, a la hora del ocaso. Esa hora bruja, de la puesta de sol, en que los bañistas y amantes del bronceado, empiezan a retirarse discretamente.

La arena caliente, la caricia de las olas y su acompasado sonido, serán un romántico estimulante. Y si nos gusta el sexo en grupo…¿quién sabe? Tal vez algún rezagado nos proponga unirse a la fiesta.

EL FRONDOSO BOSQUE

Ya lo se; esto no es ninguna novedad. Tanto los bosques como los bosquecillos de parques y jardines, están sempiternamente plagados de vida, no necesariamente inteligente, pero si sexual. Pero aquí nos referimos a la campiña, el bosque en estado puro, alejado considerablemente de un núcleo urbano.

El olor a rododendros y madreselvas, mezcladas con el aroma a pino, resultan de lo más bucólico.

El robusto tronco de un árbol, puede ser un ideal punto de apoyo (cuidado con la resina, cuesta horrores quitar sus manchas) y el lecho del bosque, un mullido colchón (atención a la pinaza, que pincha cosa mala, sobre todo en partes delicadas).

También aquí, un ciclista o un excursionista despistado, puede pasar de mero espectador a miembro activo de nuestros juegos.

EN CASA AJENA

Qué bonitas son esas reuniones de amigos, con sus maravillosas y cuidadas cenas y las interminables sobremesas que vienen luego, copa en mano, charlando agradablemente de lo humano y lo divino. Este es el momento que, aprovechando lo animado de la tertulia, desaparecer discretamente, con cualquier excusa (visita al baño, un vaso de agua) y hacer uso de la habitación y la cama de nuestros anfitriones.

La mayoría de veces y pasados diez minutos, estos ya se han quedado con la copla de donde estáis y haciendo que (no subestimemos a nuestros amigos; no son idiotas), pero harán como que no. No suele funcionar cuando se trata de una cena de tan solo cuatro personas (se nota demasiado nuestra ausencia) o si somos nosotros los anfitriones.

APRETUJADOS EN ESPACIOS PEQUEÑOS

Dicen que el ascensor es uno de los lugares más escogidos para practicar sexo rápido. Tal vez el movimiento sincopado de la caja del mismo tenga mucho que ver. Se trata de pulsar el botón del piso más alejado al de partida y una vez llegado allí, continuar pulsando el contrario y así sucesivamente.

Publicidad

Parte del morbo añadido está en la posibilidad que al parar en alguna planta y abrirse las puertas, aparezca alguien que está esperando el ascensor. Excitación garantizada.

La cabina de teléfonos también ofrece una relativa intimidad no exenta de morbo, pero la popularización de los teléfonos móviles y el nuevo diseño, casi de sombrilla, de los teléfonos públicos, han convertido esta práctica en algo casi histórico. Por suerte aún nos quedan los funiculares aéreos, con todo su movimiento de vaivén.

…Y TODO LO QUE SE OS OCURRA.

Aunque aquí hemos apuntado solo algunas posibilidades, estas son infinitas y la imaginación a la hora de poner localizaciones a nuestra vida sexual, no ha de tener límites: Una de las camas de una tienda de muebles, la sala menos visitada de un museo, tras el altar de una iglesia, mientras unas entrañables viejecitas rezan el rosario en los cercanos bancos, el probador de alguna boutique, tras el mostrador de vuestra cafetería favorita, bajo la mesa de un restaurante de lujo (los fast food, dan poco juego), en el vestuario del gimnasio, en la piscina del hotel (o en el jacuzzi). No hay que poner veto a la fantasía y, tal vez, quién sabe, a lo mejor, en breve, aparecéis en algún periódico, gracias a vuestras proezas en público.

Post relacionados: